Imponen una pena en suspenso de tres años de prisión al policía portugués que mató a Odair Moniz

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El Tribunal de Sintra ha emitido este lunes una condena suspendida de tres años y seis meses de prisión contra el agente de la Policía portuguesa Bruno Pinto, quien mató a tiros a Odair Moniz, un hombre de origen caboverdiano cuya muerte en Lisboa en 2024 provocó una ola de protestas por racismo.

El testimonio del agente ha sido considerado "sincero" y "detallado" excepto en lo relativo a la supuesta existencia de una navaja en poder del fallecido. De hecho, el tribunal ha considerado probados la mayor parte de los hechos recogidos en la acusación planteada por la Fiscalía, que considera que Moniz no tenía ninguna navaja y tampoco se llevó la mano a la cintura para sacar un arma como sostenía el policía, recoge la prensa lusa.

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La víctima no estaba armada, concluye el tribunal. "Nadie vio ninguna hoja o navaja en el momento en el que ocurrieron los disparos", señala la sentencia. Además reprocha a Pinto los disparos "censurables" ejecutados a muy corta distancia.

En cualquier caso, la corte considera probado que Moniz agredió a los agentes antes de los disparos. Además tiene en cuenta varios atenuantes como que el policía había sido objeto de "varias agresiones físicas" durante el incidente. Así considera que hubo legítima defensa, aunque con "exceso de medios".

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La Fiscalía había pedido además la suspensión del agente de sus funciones, pero el tribunal se ha declarado no competente en la materia dejando la decisión en manos de la Policía, que ha abierto un proceso disciplinario al respecto.

La condena incluye una indemnización de 50.000 euros para cada uno de los dos herederos de Moniz y otros 250 euros mensuales al hijo menor de la víctima desde la muerte del hombre hasta que tenga 18 años.

La defensa estudia ya la posibilidad de recurrir la sentencia, ya que esperaba la absolución de Pinto "por aplicación del principio de legítima defensa putativa", ha explicado el abogado Ricardo Serrano.

La muerte de Moniz provocó una ola de protestas que denunciaba el racismo de los agentes de la Policía portuguesa.