Con el objetivo de incrementar la concienciación social con este problema de salud y visibilizar el papel del farmacéutico, el Consejo General de Colegios Farmacéuticos se suma a la Semana Mundial de la Continencia, que se celebra entre el 15 y el 21 de junio, publicando un informe en el que se explican aspectos relacionados con la fisiopatología, los tipos de incontinencia urinaria y los tratamientos farmacológicos y no farmacológicos.
La incontinencia urinaria es un trastorno caracterizado por una pérdida involuntaria de orina, cuya prevalencia se sitúa entre el 4 y el 7 por ciento de la población. Sin embargo, existen altas tasas de infradiagnóstico e infratratamiento, agravándose en mujeres y ancianos por el problema que se acompaña de vergüenza, miedo a la estigmatización, aislamiento y mayor prevalencia de depresión.
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"El farmacéutico desempeña un papel clave como profesional sanitario accesible y cercano, contribuyendo a la educación sanitaria, la detección de síntomas y la reducción del estigma. De esta forma, se posiciona como un agente de salud capaz de mejorar la calidad de vida de los pacientes", advierten.
El farmacéutico puede hacer seguimiento de los tratamientos para la detección de estos efectos adversos, incluso una revisión farmacoterapéutica, ya que muchos medicamentos pueden precipitar o empeorar una IU preexistente, además de la urgencia, la nocturia o la retención urinaria. Es el caso de los diuréticos; los hipnóticos, opioides, antipsicóticos y benzodiacepinas; los fármacos con carga anticolinérgica (antidepresivos tricíclicos, antihistamínicos, antiespasmódicos, algunos relajantes musculares, etc.) y los inhibidores de SGLT2, como empagliflozina o dapagliflozina, indicados para el tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2, la insuficiencia cardiaca y la enfermedad renal crónica.
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Al margen de la medicación, los absorbentes también ayudan a manejar los síntomas. Ahora bien, recuerdan "es esencial no solo elegir el tipo de absorbente más adecuado -teniendo en cuenta la intensidad y el patrón de las pérdidas, así como la movilidad y las necesidades de cada paciente-, sino también usarlos correctamente".
Además, el farmacéutico, ante determinados signos de alerta, puede actuar de forma proactiva para orientar y aconsejar al paciente, derivando a tiempo cuando sea necesario. Entre esos signos de alerta destacan: Existencia de IU con inicio reciente o empeoramiento claro; sospecha de afección neurológica con dolor lumbar fuerte con pérdida repentina de control de vejiga y/o intestino; infecciones urinarias recurrentes junto con síntomas de incontinencia o dolor; síntomas que duran más de 6 semanas e impactan gravemente en la vida diaria, y aparición de dolor vesical y uretral persistente.
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