
Evangélicos han cuestionado la pertinencia de las palabras del Papa León XIV este lunes en el Congreso de los Diputados y creen que el Pontífice ha pronunciado "un discurso apropiado, en un escenario inapropiado". "Siete minutos de aplausos parece a todas luces una sobreactuación desmedida", han criticado.
Según el editorial de Actualidad Evangélica, recogido por Europa Press, "el respeto inequívoco a su figura como líder espiritual de millones de católicos es incuestionable, como también lo es la relevancia moral de los ejes principales de su discurso, centrados en la dignidad humana, la defensa de la vida, la familia y la responsabilidad ética de la política".
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Considera también que ese mismo discurso del Pontífice en la Cámara Baja, "por momentos sólido, volvió a esquivar una autocrítica necesaria sobre las sombras históricas y recientes de la Iglesia católica, una omisión ya demasiado habitual como para pasar inadvertida".
No obstante, opina que el "verdadero problema" no estuvo en lo que se dijo, sino "dónde y desde qué posición se dijo" ya que el Congreso "no es un auditorio más: es la sede de la soberanía nacional en un Estado que se define como aconfesional".
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"Convertir ese espacio en tribuna para un jefe de Estado, de un estado teocrático --y pastor de una institución religiosa de estructura jerárquica, no democrática-- resulta algo mucho más serio que un simple devaneo protocolario. Es, en la práctica, una escenificación de jerarquía simbólica que desdibuja las fronteras entre lo religioso y lo político y sitúa al pontífice en una posición de autoridad ético-política sobre los representantes de una ciudadanía plural en sus preferencias religiosas que, sencillamente, no le corresponde", señala.
ESCENA DE DEFERENCIA "EXCESIVA"
En su opinión, "aún más preocupante" es la actitud de la clase política, ya que lo que "debería haber sido un ejercicio de cortesía institucional derivó en una puesta en escena de deferencia excesiva, cuando no de franca sumisión". "Siete minutos de aplausos parece a todas luces una sobreactuación desmedida", ha criticado.
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"Resulta particularmente llamativo que incluso quienes hacen bandera del laicismo más radical acudieran disciplinadamente a escuchar, y en cierto modo a avalar, una intervención con tintes de admonición moral. La imagen de representantes públicos asistiendo dócilmente a una suerte de homilía cívica --comulgando sin haberse confesado-- revela hasta qué punto persisten en este país inercias difíciles de justificar en una democracia madura", ha señalado.
En este sentido, cree que el discurso "pudo ser oportuno en muchos de sus contenidos, pero fue inapropiado en su contexto y en su escenificación". "Lo ocurrido hoy no fortalece la calidad democrática, sino que pone en evidencia las servidumbres, los temores, la desorientación y las contradicciones de quienes deberían salvaguardar con mayor celo la neutralidad religiosa del Estado", ha manifestado.
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"Y confirma, una vez más, que la aconfesionalidad en España sigue siendo, en demasiadas ocasiones, más declarativa que real, tal como vienen denunciando desde hace años la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE) y buena parte de la comunidad protestante y evangélica", concluye.