Redacción Tecnología, 1 jun (EFE).- Los 'superchips' de inteligencia artificial (IA) llegan a los ordenadores personales (PC) en un momento de tensiones en la producción global de estos componentes por las enormes necesidades de energía y la limitada oferta de elementos clave monopolizados por un puñado de empresas.
Igualmente, se multiplican los informes que advierten del creciente impacto ambiental derivado del desarrollo de la IA, que genera efectos negativos como el aumento de las emisiones, el alto consumo de agua y el incremento de los desechos electrónicos.
En este contexto, el gigante estadounidense Nvidia ha presentado este lunes un nuevo 'superchip' destinado a los ordenadores personales que le permitirá competir con Intel.
Según un informe reciente del Microsoft AI Economy Institute, el 17,8 % de la población mundial en edad de trabajar utilizaba ya la IA al cierre del primer trimestre del año, frente al 16,3 % a finales de 2025.
Sin embargo, las elevadas necesidades de energía, la creciente escasez de elementos básicos, como el cobre, y el reducido número de empresas en ciertos segmentos clave amenazan con frenar este pujante y complejo sector.
Por ejemplo, para que la compañía taiwanesa TSMC, que controla el 70 % del mercado, pueda imprimir los circuitos diseñados por Nvidia, necesita las maquinas que fabrica la compañía holandesa ASML y las obleas de silicio monocristalino de extrema pureza que monopoliza un grupo de cinco empresas.
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Cuellos de botella en la producción
Numerosos informes de consultoras y agencias de calificación coinciden en que el acceso a la energía eléctrica, tanto en el ámbito de la generación como en el de las redes, se ha convertido en la restricción más crítica para el sector.
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Los centros de datos operan de forma continuada y requieren un suministro eléctrico masivo. La escasez de transformadores de potencia de alta tensión y el riesgo inminente de un déficit en el suministro mundial de cobre amenazan con congelar la expansión de las instalaciones de supercomputación.
La mitad de los centros de datos proyectados en EE. UU. y Europa ya sufren retrasos ligados al suministro energético.
Por ello, empresas como Microsoft, Amazon o Google están firmando contratos millonarios para reactivar centrales nucleares o construir reactores modulares pequeños.
Además, la producción de componentes y equipos avanzados sufre una vulnerabilidad extrema por la concentración geográfica de su cadena de suministro.
También existen limitaciones al final de la línea de producción, en el llamado empaquetado avanzado.
Las unidades de procesamiento (GPU) avanzadas son un rompecabezas donde se deben soldar los chips junto a módulos de memoria de alta velocidad, que son escasos.
El ensamblaje de las GPU de última generación depende, a su vez, de las resinas especializadas que suministra un puñado de firmas japonesas y estadounidenses.
Los impactos ambientales
Aunque los efectos positivos de la IA ya están a la vista, cada vez preocupa más el impacto de su desarrollo en el medioambiente.
En el ámbito energético, el elevado consumo de los centros de datos satura las redes eléctricas e incrementa las emisiones de gases de efecto invernadero.
Un informe del Instituto Alan Turing ponía de manifiesto la paradoja de que la IA ayuda a gestionar mejor las redes eléctricas y a optimizar la energía solar, pero, a la vez, devora recursos a un ritmo insostenible.
Aunque algunas empresas instalan parques eólicos y solares o minicentrales nucleares para cubrir el consumo eléctrico de los centros de datos, una parte de la energía suministrada procede de tecnologías no limpias.
Un informe del grupo Rhodium alertaba de que las emisiones habían vuelto a crecer en EE. UU. y señalaba expresamente la construcción de centros de datos para la IA generativa.
Asimismo, los centros de datos necesitan millones de litros de agua para no sobrecalentarse, lo que aumenta la demanda de este bien escaso.
En la misma línea, la fabricación de chips avanzados exige un minado creciente de metales como el litio y el cobalto.
De igual forma, se está registrando un crecimiento sostenido de los desechos electrónicos por la rápida obsolescencia de los equipos. EFE