Pekín, 20 may (EFE).- China y Rusia aprovecharon este miércoles la cumbre entre Xi Jinping y Vladímir Putin para reforzar su mensaje de coordinación estratégica y presentarse como factor de "estabilidad" frente a un escenario internacional marcado por Ucrania, Oriente Medio y las tensiones con Occidente.
La jornada central de la visita de Estado del mandatario ruso dejó además señales sobre las prioridades y límites actuales de la relación bilateral, desde el respaldo político mutuo hasta asuntos pendientes como el futuro del gasoducto Fuerza de Siberia-2, y concluyó con un banquete oficial ofrecido por Xi a Putin en el Gran Palacio del Pueblo.
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Estas son las cinco claves de la jornada central de la visita de Estado del mandatario ruso a China:
Xi aseguró que los vínculos entre ambos países se encuentran en "el nivel más alto de su historia" y anunció, junto a Putin, una extensión del Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación firmado hace 25 años, considerado uno de los pilares jurídicos de la relación bilateral contemporánea.
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Ambos líderes firmaron además declaraciones sobre cooperación estratégica y sobre un "nuevo orden mundial" y presidieron la firma de una veintena de acuerdos y memorandos de entendimiento, según la parte rusa, reforzando una narrativa compartida que presenta a China y Rusia como impulsores de un escenario "multipolar" y como defensores de un sistema internacional menos dominado por Occidente.
La visita coincidió además con el 30 aniversario de la asociación estratégica entre ambos países, mientras Xi volvió a definir a Putin como un "viejo amigo" y el mandatario ruso aseguró que las relaciones han alcanzado un nivel "sin precedentes".
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Xi y Putin respaldaron una solución política para la guerra en Ucrania y defendieron abordar las "raíces" del conflicto, una formulación utilizada habitualmente por Moscú para aludir a factores como la expansión de la OTAN y el modelo de seguridad europeo posterior a la Guerra Fría.
Pekín ha insistido en los últimos meses en que aún existe "esperanza" para las negociaciones y mantiene una posición ambigua: pide respeto a la soberanía de todos los países, pero también reclama atender las "legítimas preocupaciones de seguridad" de todas las partes, en referencia a Rusia.
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La cuestión estuvo rodeada además por la polémica surgida tras una información del Financial Times, que aseguró que Xi dijo recientemente a Donald Trump que Putin podría acabar arrepintiéndose de invadir Ucrania. Pekín rechazó ese reporte y lo calificó de "completamente inventado".
La situación en Oriente Medio ocupó un lugar destacado durante los encuentros. China y Rusia condenaron los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán y defendieron una pronta reanudación del diálogo para evitar una ampliación de la crisis regional.
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La cuestión tiene además una dimensión energética para Pekín, especialmente por el impacto que las tensiones en torno al estrecho de Ormuz pueden tener sobre rutas estratégicas de suministro.
Uno de los principales focos de atención era el futuro del proyecto Fuerza de Siberia-2, llamado a transportar otros 50.000 millones de metros cúbicos de gas ruso anuales hacia China a través de Mongolia.
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Rusia lleva años intentando cerrar un acuerdo definitivo, especialmente desde la pérdida de parte de su mercado europeo tras el inicio de la guerra en Ucrania, mientras China ha mantenido una posición más cautelosa sobre precios, condiciones y necesidades reales de suministro.
Aunque Moscú aseguró que existe entendimiento sobre los principales parámetros, la visita no dejó una firma definitiva ni un calendario concreto para el proyecto.
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Horas después, Putin defendió ante el primer ministro chino, Li Qiang, la necesidad de proteger la cooperación bilateral frente a la "influencia externa", mientras ambas partes avanzaron planes para ampliar proyectos conjuntos de petróleo y gas.
La visita de Putin llegó apenas una semana después de la realizada por Donald Trump, una coincidencia que medios oficiales chinos han aprovechado para presentar Pekín como un "epicentro de la diplomacia mundial".
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Aunque el Kremlin insistió en que ambos viajes no guardan relación, la sucesión de visitas y el momento internacional hicieron inevitable la comparación entre ambos encuentros. EFE
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