Pekín, 19 may (EFE).- El presidente ruso, Vladímir Putin, inicia este martes su 25 visita a China, que llega poco después de la del mandatario estadounidense, Donald Trump, y con una agenda centrada en la coordinación ante crisis internacionales, el refuerzo de una asociación presentada como factor de "estabilidad" y con la esperanza de sellar acuerdos de exportación de petróleo y gas.
La llegada del mandatario ruso se produce justo una semana después del viaje de Trump a Pekín, una coincidencia que la prensa oficial china ha aprovechado para presentar a la capital china como "epicentro de la diplomacia mundial".
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La visita, de dos días, coincide con el 25 aniversario de la firma del Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación entre China y Rusia y con el 30 aniversario del establecimiento de su asociación estratégica, mientras ambos países insisten en la solidez de sus vínculos.
Según la Cancillería china, Putin y su homólogo chino, Xi Jinping, intercambiarán puntos de vista sobre la relación bilateral y sobre asuntos internacionales "de interés mutuo" y aportarán "más estabilidad" al escenario internacional.
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La parte rusa ha avanzado, por su lado, que ambos líderes firmarán una declaración conjunta junto a otros documentos bilaterales, y que el jefe del Kremlin mantendrá también reuniones con otros dirigentes chinos.
En vísperas del viaje, Putin destacó que el tratado firmado hace 25 años sentó una base sólida para una "verdadera cooperación estratégica" y una asociación beneficiosa para ambos países, según un video dirigido al pueblo chino publicado por el medio Russia Today en la red social china Weibo.
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El presidente ruso afirmó, asimismo, que Moscú y Pekín afrontan el futuro "con confianza", desarrollan activamente sus lazos políticos, económicos y de defensa y "desempeñan un importante papel estabilizador en el escenario internacional".
Un asunto de fondo será la guerra en Ucrania, mientras varios países europeos siguen reclamando a China que use su influencia sobre Rusia para favorecer una salida negociada.
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Recientemente, Pekín ha insistido en que aún hay "esperanza" en las negociaciones y ha reiterado que seguirá desempeñando "un papel constructivo" en apoyo de esfuerzos de paz.
En declaraciones al medio local The Paper, Wan Qingsong, profesor de la Universidad Normal del Este de China, afirmó que la guerra en Ucrania "es una crisis internacional compleja que abarca la arquitectura de seguridad regional, las relaciones entre las grandes potencias y la reestructuración del orden mundial", por lo que requiere "atención especial".
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Desde el estallido de la guerra, China ha mantenido una postura ambigua: por un lado, ha pedido respeto a la soberanía y la integridad territorial de todos los países, en referencia a Ucrania, y, por otro, ha insistido en atender las "legítimas preocupaciones de seguridad" de todas las partes, en alusión a Rusia.
Poco antes de la invasión rusa de Ucrania a gran escala, Xi y Putin proclamaron en Pekín una "amistad sin límites" entre ambos países.
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Medios oficiales chinos destacan que el comercio bilateral alcanzó en 2025 los 227.900 millones de dólares y subrayan una progresiva diversificación hacia maquinaria, productos tecnológicos, comercio electrónico y sectores emergentes, más allá del tradicional suministro de combustible.
Sin embargo, Rusia lleva tiempo esperando firmar un contrato para el tendido del gasoducto de 2.900 kilómetros Fuerza de Siberia-2 para llevar gas a China a través de Mongolia.
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Moscú suministró a China 101 millones de toneladas de petróleo y 49.000 millones de metros cúbicos de gas el pasado año, a los que se sumarían otros 50.000 millones de metros cúbicos en caso de un nuevo acuerdo.
Pekín, que al anunciar su plan quinquenal ya sugirió que estaba interesado en avanzar en el Fuerza de Siberia-2, depende de las exportaciones de gas licuado del golfo Pérsico, ahora prácticamente bloqueadas en el estrecho de Ormuz. EFE
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