Madrid, 18 may (EFE).- El carguero ruso Ursa Major, hundido en 2024 a 60 millas náuticas de Cartagena (sureste de España), se encontraba en aguas internacionales en el momento del incidente y ninguna autoridad ha atribuido a un sabotaje o a un ataque deliberado el hundimiento, según un informe de la Armada española.
El informe sobre el hundimiento del barco, ocurrido el 23 de diciembre de 2024, fue dado a conocer este lunes por la ministra de Defensa, Margarita Robles, en la Comisión de Defensa del Congreso, después de que algunos portavoces parlamentarios hubieran mostrado su preocupación por la posible presencia de material de carácter nuclear entre la carga.
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El informe, que Robles leyó íntegramente, deja claro que la gestión del incidente fue liderada por el Centro de Coordinación y Salvamento de Cartagena hasta que otro buque ruso, el Ivan Green, solicitó el control del rescate en virtud del derecho internacional del mar.
La participación de la Armada española se inscribió en la operación de Salvamento Marítimo (Sasemar) para rescatar a la tripulación.
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El carguero ruso había zarpado de San Petersburgo el 11 de diciembre de 2024, con destino final en Vladivostok, con una carga declarada de contenedores vacíos, repuestos, dos grandes grúas y componentes destinados a la construcción de un rompehielos nuclear ruso.
El 23 de diciembre de 2024, mientras el carguero navegaba en aguas internacionales del mar Mediterráneo emitió una señal de socorro, que fue recibida por España.
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El capitán del barco informó de explosiones en la sala de máquinas así como de un hundimiento progresivo y entrada de agua por popa, por lo que el Centro de Coordinación y Salvamento de Cartagena activó el correspondiente dispositivo internacional de busca y rescate.
El New York Times publicó la pasada semana una investigación en la que apuntaba a que el barco podría haber transportado componentes para motores nucleares para submarinos con destino a Corea del Norte y que sus daños eran consistentes con un ataque con torpedos o minas.
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A primera hora de la tarde del 23 de diciembre, el mercante se estaba hundiendo progresivamente y el deterioro de su estabilidad era evidente. Parte de la tripulación ya había abandonado el barco utilizando balsas salvavidas.
Pocas horas después, un buque de la Marina de la Federación Rusa, el Ivan Green, llegó a la zona del incidente, solicitó formalmente asumir el control del rescate invocando la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del mar y pidió a los medios españoles que se mantuvieran a dos millas de distancia.
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Las unidades españolas continuaron colaborando en las tareas de salvamento y rescate de los tripulantes y en el posible control de una contaminación marítima.
El Ursa Major se acabó hundiendo y dejó restos en la superficie que fueron investigados por el Iván Green.
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Un buque español permaneció en las zona hasta el 24 de diciembre para evaluar la situación, mientras que el barco de la Armada se quedó monitorizando la actividad del otro buque ruso, que inició tránsito al Levante en la madrugada del 24 de diciembre.
Como resultado del dispositivo, 14 tripulantes fueron rescatados con vida y trasladados posteriormente a Cartagena, donde fueron atendidos por Cruz Roja, mientras que otros dos desaparecieron.
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El pecio quedó finalmente hundido a una profundidad aproximada de 2.500 metros y, hasta la fecha, ninguna autoridad ha atribuido el hundimiento a sabotaje o ataque deliberado. Según la Armada, a esa profundidad es imposible el rescate de El barco, concluyó Robles. EFE
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