Tarragona (España), 15 may (EFE).- Los terremotos ya condicionaban la vida humana mucho antes de la aparición de las primeras ciudades o de las sociedades agrícolas, de manera que las poblaciones adaptaban su movilidad y relaciones comunitarias a estos fenómenos geológicos, según un estudio internacional con participación de centros de investigación de Portugal y España.
Los científicos han demostrado que los grupos de cazadores recolectores que habitaban el yacimiento de Vale Boi (suroeste de Portugal) hace entre 30.000 y 24.000 años ya desarrollaban estrategias complejas para convivir con una actividad sísmica extrema.
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Publicado en la revista Archaeological and Anthropological Sciences, el estudio aporta una de las primeras evidencias conocidas de comportamientos de resiliencia en sociedades paleolíticas para afrontar los riesgos geológicos.
Para reconstruir el impacto de los terremotos sobre ese asentamiento costero, los investigadores combinaron datos arqueológicos, geológicos y cronológicos con técnicas de última generación, como la tomografía de resistividad eléctrica.
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Los análisis permitieron identificar fallas y episodios de desprendimientos de rocas causados por terremotos de magnitud superior a 5,7 Mw (cantidad de energía liberada), que modificaron repetidamente el paisaje y afectaron las áreas ocupadas por los grupos humanos del Paleolítico superior.
A pesar de ello, las comunidades de esas zona continuaron en el lugar y adaptaron su movilidad, el uso del territorio y sus redes sociales para reducir los riesgos asociados a la actividad sísmica.
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En algunos momentos abandonaron temporalmente el yacimiento o redujeron la duración de las ocupaciones, mientras que en otros reorganizaron el uso del espacio para minimizar la exposición a los desprendimientos de roca.
También hubo un cambio significativo de la dieta durante los períodos de mayor inestabilidad geológica.
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Los pobladores de Vale Boi incrementaron notablemente la explotación de recursos marinos y costeros, lo que les permitía probablemente diversificar las fuentes de alimento y reducir la dependencia de los recursos terrestres en momentos de incertidumbre ambiental.
Además, los períodos de intensa actividad sísmica coincidieron con un episodio climático extremo de enfriamiento severo.
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La investigación está dirigida por Alvise Barbieri, de la Universidad del Algarve (Portugal), y Javier Sánchez Martínez, del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (Cataluña, España). EFE