Madrid, 3 may (EFE).- La distancia entre el italiano Jannik Sinner y el resto, mientras Carlos Alcaraz está a un lado, lesionado, sin fecha de vuelta, aventura un dominio absoluto del actual número uno del mundo que se ha convertido, tras salir de la Caja Mágica con el trofeo bajo el brazo, en el primer jugador en la historia en ganar cinco Masters 1000 consecutivos.
No es, posiblemente, un registro extraordinario. Nada que ver con la cuantía de Grand Slam que acumula el big three', pero deja entrever el amplio panorama que espera al jugador de San Cándido por la falta de oposición en su transitar. Quedó reflejado en la final disputada ante Alexander Zverev: 58 minutos y solo tres juegos cedidos.
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Hasta ahora, el pulso entre Sinner y Carlos Alcaraz, en cuanto a grandes trofeos, ha caído numéricamente al lado del murciano, aunque desde el inicio del 2024, en el Abierto de Australia, hasta el arranque de este 2026, también con el grande de Melbourne, ambos se han repartido los éxitos. Cuatro para el italiano y cinco para el español que añade el Abierto de Estados Unidos del 2022 y Wimbledon del 2023 hasta elevar su cosecha a siete.
Pero es que Sinner, en este primer tercio de temporada y después de caer en la semifinal de Australia contra Novak Djokovic, ha acelerado. Ha ganado desde París 2025 hasta este en Madrid, cinco Masters 1000 del tirón, algo sin precedentes. Esa es la obra del transalpino que ha ganado todos los partidos que ha disputado sobre arcilla, que será claro favorito al éxito también en Roma, si al final acude, y, desde luego, ve el cielo abierto en Roland Garros, donde sufrió un duro revés el pasado año con esa memorable remontada de Alcaraz que ya ha anunciado su ausencia del Grand Slam de polvo de ladrillo.
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La Caja Mágica ha sido una nueva demostración de lo lejos que están los adversarios del italiano que solo se dejó un set en su transitar hasta la final, frente al francés Benjamin Bonzi, en su primer partido. El resto los ganó con autoridad, con una demostración de superioridad evidente.
Veintitrés victorias seguidas lleva el jugador de San Cándido. Todo desde que ganó Indian Wells, Miami, Montecarlo y Madrid. Su última derrota fue en Doha, ante el checo Jakub Mensik, en febrero. Un mes después de su primer revés, en Australia contra Djokovic.
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El primer jugador de la historia en ganar los primeros cuatro Masters 1000 de una temporada alimenta méritos y registros cada vez que forma parte de un evento. Tras lograr su vigésimo octavo partido ganado en eventos de este rango como el de Madrid, va viento en popa en su recorrido, sin rival a la vista y con el número uno amarrado, cada vez más consolidado.
Si la baja y la lesión de Alcaraz se alarga la posibilidad de agigantar el historial de Sinner se agranda. Especialmente el de los Grand Slam. Nadie parece ser capaz de poner freno a su recorrido, igualar su velocidad. La nueva generación que asoma, abanderada aún por Joao Fonseca, con la irrupción de Rafa Jódar o el belga Alexander Blockx o el noruego Nicolai Budkov Kjaer aún está lejos y el resto, desde Alexander Zverev hacia abajo, no parecen capaces de tutear el italiano a expensas de la inspiración de Novak Djokovic.
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Nada hacía pensar hace un año que este joven campeón de esquí, sin aspecto de jugador de tenis, desgarbado y con andar aparentemente cansino, tuviera tanta trascendencia con la raqueta. Tranquilo, reservado, distanciado de los focos fuera de la pista, frío por momentos, ha alcanzado la madurez en un momento clave.
Atravesó con discreción los tres meses de suspensión, de febrero a mayo del 2025, por dopaje, por el positivo por Clostebol. Volvió con naturalidad en Roma y aceleró para ganar Wimbledon, entre otras cosas. Este 2026 ha recuperado con solvencia ese tiempo perdido que ahora le ha llevado al número uno, firme, casi inalcanzable. Sin rival a la vista. Con todo el futuro y la historia por delante.
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Santiago Aparicio