Noemí Jabois
Tiro (Líbano), 24 abr (EFE).- Una semana después, los equipos de rescate aún buscan entre los escombros de cinco edificios colindantes que se vinieron completamente abajo minutos antes de la entrada en vigor del alto el fuego con Israel, en la peor tragedia de la guerra para la histórica ciudad de Tiro, en el sur del Líbano.
En pleno paseo marítimo de una de las urbes más antiguas del mundo, con casi 5.000 años de historia, murieron en un instante una treintena de personas y aún falta por hallar al menos una más, dejando la casa de Suhaila prácticamente intacta en medio de una gran devastación.
"Es un milagro, aquí está la ventana y aquí está mi cama, aquí mi almohada, tan cerca. El cristal se rompió y se cayó al otro lado, si hubiera caído de mi lado me hubiera matado", cuenta a EFE la anciana, en el porche de una vivienda sin daños graves aparentes, pese a estar rodeada de enormes montañas de escombros.
La mujer, de 78 años, lleva viviendo en esta casa desde que se casó allá por 1965 y, aunque tiene miedo a que el techo de la cocina se derrumbe cuando retiren los restos del edificio que estaba en el lateral, sabe que tanto ella como su marido quedaron ilesos de milagro.
Sus cuñados y la hija de ambos perdieron la vida esa noche, mientras que el cuerpo de otro sobrino político fue recuperado este mismo miércoles del lugar.
"Hubo más ataques, pero no tan fuertes como este, este fue el ataque más fuerte de todo Tiro. El otro día atacaron un barrio diferente, un barrio entero, pero normalmente atacan un edificio, mientras que aquí atacaron cinco o seis edificios juntos", explica la anciana.
"Además, me han dicho que con este ataque todo Tiro pensó que había sido contra ellos de lo fuerte que fue, de verdad, todo el mundo decía que lo sintieron como si hubiese sido en su propia casa", agrega, cuando se cumple una semana de los bombardeos.
Sin embargo, ella y otros vecinos que se encontraban a distancias mínimas del impacto aseguran haber experimentado lo contrario, para asombro de todos, apenas enterándose de las últimas sacudidas antes de que las armas callaran temporalmente a ambos lados de la frontera.
Para Hussein Younes, el gran susto llegó la semana anterior, una mañana en la que su familia dormía, mientras se hablaba de un alto el fuego en Irán con expectativas de seguirse también en el Líbano. Pero la violencia continuó y su casa en Tiro recibió una orden de evacuación israelí.
"Salimos en el momento en el que mandaron el aviso (...) No nos llevamos nada con nosotros, porque también la gente empezó a gritar y había personas disparando en la calle, y los niños tenían miedo. Dejamos todo atrás y salimos", cuenta a EFE el hombre, frente a las ruinas de su vivienda.
Se siente afortunado, porque muchos otros en Tiro no tuvieron la oportunidad de huir, siendo alcanzados sin previo aviso.
En medio de una frágil tregua violada a diario y que en las últimas horas ha sido extendida hasta mediados de mayo, la incertidumbre reina en la ciudad más importante dentro del proyecto de 'zona de amortiguación' que Israel pretende controlar en el sur del Líbano.
El cese de hostilidades permitió el regreso de algunos desplazados a Tiro, pero Hussein asegura que la mayoría solo vinieron a revisar el estado de sus viviendas y a coger ropa de verano, esperando "a ver hasta dónde va a llegar una tregua" en la que nadie acaba de confiar.
"Cuando acabó la guerra anterior, muchas tiendas reabrieron, pero esta vez no porque hay gente que aún no sabe qué hacer. Tal vez abren, gastan el dinero y luego vuelven a atacar", dice este padre, que por su parte no piensa dejar la ciudad incluso si el conflicto se reactiva.
Tiro, conocida por sus playas cristalinas y ruinas patrimonio de la Unesco, ha recuperado algo de vida en los últimos días. Más transeúntes caminan por las calles, tanto vecinos de la urbe como desplazados de localidades más peligrosas que se refugiaron en ella durante la guerra.
Una familia de Zibqin, en las áreas fronterizas con Israel, cuenta a EFE que la tregua ha traído más "movimiento" a la ciudad y que incluso ellos han podido visitar su pueblo, pese a la continuación de los ataques con menor intensidad.
Sin embargo, una de las mujeres indica que por ahora seguirán de alquiler en Tiro, para estar "bien seguros" de que la guerra ha terminado antes de volver a casa, ubicada dentro de una franja en la divisoria a la que Israel prohíbe regresar.
"Tienen pueblos marcados y el nuestro está incluido, por eso vamos y volvemos. Verás a dos o tres familias yendo, pero vuelven a caer de noche", concluye la desplazada. EFE
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