Andrea Farnós
Quito, 24 abr (EFE).- En el valle de Los Chillos, a las afueras de Quito, el croar de decenas de ranas acompaña el recorrido por Wikiri Sapoparque, un espacio impulsado por el centro de investigación Jambatu que se ha convertido en uno de los principales refugios en Ecuador para especies amenazadas de anfibios.
En un país considerado como uno de los más ricos del mundo en concentración de diversidad de ranas, la supervivencia de muchas de estas especies a veces pende de un hilo por factores externos como el extractivismo y la crisis climática.
"Nos encantaría que nuestro trabajo no fuera necesario, pero no es el caso. Más ahora con la minería o el cambio climático", señala a EFE Mateo Reyes, investigador del Centro Jambatu y guía del parque.
Ecuador alberga 709 especies, de las cuales más de 400 están amenazadas o en peligro de extinción, según Reyes.
Wikiri Sapoparque nació como la rama educativa del centro de investigación. "Está creado para involucrar a la ciudadanía", explica la coordinadora de investigación, Andrea Terán.
La experta subraya que la conservación es un reto "muy complejo" en un país "sapodiverso", con el mayor número de especies por unidad de área.
El parque alberga unas 70 clases de ranas, de las cuales 35 forman parte de programas de investigación y conservación en laboratorio.
Algunas de ellas se comercializan en el mercado legal internacional como mascotas para ofrecer una alternativa al tráfico ilegal de anfibios.
El tráfico ilegal constituye una de las principales amenazas para muchas especies, no solo por la extracción masiva de individuos de sus hábitats naturales, sino también por la propagación de enfermedades.
Una de las principales misiones del Centro Jambatu, que inició su labor en 2011, es devolver a la naturaleza especies que han desaparecido o están cerca de hacerlo. Entre ellas destaca la rana hocicuda de Íntag (atelopus longirostris), de color marrón y puntos amarillos sobre su lomo, que fue considerada extinta durante años tras no ser vista desde 1989.
En 2016, una expedición redescubrió una población de esta rana en el valle de Íntag, en la norteña provincia andina de Imbabura. Tiempo después se encontró una segunda población, y ambas siguen siendo las únicas poblaciones naturales conocidas. Sin embargo, el hallazgo no eliminó las amenazas, porque las dos se ubican dentro de concesiones mineras.
Ante ese escenario, el Centro Jambatu y Wikiri impulsaron en julio del año pasado un ensayo de reintroducción con ejemplares criados en laboratorio en una de las áreas no concesionadas del valle.
En esa primera liberación soltaron alrededor de mil individuos entre adultos, juveniles y renacuajos.
"Hay parabiólogos formados por nosotros que van cada día al bosque para evaluar cómo van las ranas (...) El éxito no solo depende de que sobrevivan, sino de que logren reproducirse en libertad", comenta Reyes.
Otra de las especies que centra los esfuerzos es la rana arlequín de limón, de colores negro y amarillento, también del género atelopus y originaria de la Amazonía ecuatoriana.
Esta desapareció hace más de una década por la presencia del hongo quitridio, letal para anfibios, y por la construcción de una carretera en su hábitat, en la provincia amazónica de Morona Santiago, donde parte del ecosistema quedó sepultado.
En agosto pasado, y después de diez años, se hizo un ensayo de reintroducción de la especie. Así, entre laboratorios científicos y programas de conservación, Wikiri se ha convertido en una pieza clave para evitar la desaparición de algunas de las especies de anfibios vulnerables del país. EFE
(foto) (video)
Últimas Noticias
La ciencia reclama su papel en la transición energética en inicio de reunión en Colombia
Los líderes de la UE reclaman medidas más "específicas" frente a la crisis energética
El euro se cambia por encima de 1,17 dólares pese a la aversión al riesgo
La amenaza rusa reaviva el riesgo de Chernóbil en su 40 aniversario
El subsecretario de Estado de EEUU visita Argelia y Marruecos a partir del lunes
