Los conflictos minan los esfuerzos de Europa por alejarse de la energía fósil

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Madrid, 22 abr (EFE).- El cambio climático no es una amenaza, es una realidad que afecta a la salud y cuesta vidas: Solo en 2024, el calor extremo provocó 62.000 muertes en Europa, donde las alertas por altas temperaturas se han disparado (318%) desde 1990 y, sin embargo, los gobiernos no logran alejarse de la energía fósil.

Aunque Europa está formalmente comprometida con la transición energética por el Acuerdo de París (2016) y ha hecho avances prometedores, como impulsar el crecimiento de las energías renovables y disminuir las emisiones de carbono que causan el calentamiento global, la realidad geopolítica y conflictos como la invasión de Ucrania neutralizan los avances.

Los gobiernos europeos destinaron 444.000 millones de euros en 2023 a subvencionar el aumento del precio de los combustibles fósiles causado por el conflicto, justo cuando la necesidad de actuar es "más urgente que nunca" y la crisis climática "más letal, injusta y costosa", lamenta el último Informe Europeo 'Lancet Countdown' sobre salud y cambio climático publicado este miércoles en The Lancet Public Health.

"El margen de maniobra se está estrechando" pero Europa tiene la oportunidad de afianzar su liderazgo y "reorientar las inversiones hacia energías limpias, mejorar la calidad del aire, proteger a los grupos vulnerables y adaptar los sistemas sanitarios" para afrontar los impactos que están por llegar, avisa la codirectora del informe y profesora en ISGlobal, Cathryn Tonne.

No hay zona segura

Elaborado por 65 investigadores de 46 instituciones académicas y de la ONU, y dirigido por la Universidad de Heidelberg (Alemania) y por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), el informe analiza el estado del cambio climático y la salud a través de 43 indicadores en cinco ámbitos.

En toda Europa, las consecuencias del cambio climático para la salud se están acelerando "más rápido que nuestra capacidad de respuesta", ha explicado en una rueda de prensa, Joacim Rocklöv, codirector del informe y profesor titular de la Universidad de Heidelberg.

"El número de muertes por calor extremo ha crecido en toda Europa. No hay una zona segura", aunque los mayores incrementos se han dado en los países del sur, donde las previsiones apuntan un empeoramiento de las condiciones en las próximas dos décadas, ha avanzado Rocklöv.

El documento apunta que cada año son más frecuentes los días en los que el calor puede ser mortal, una situación que afecta especialmente a bebés y mayores de 65, a los que realizan actividades al aire libre, y a los empleados de la construcción y la agricultura (el calor ha reducido la oferta de mano de obra en aproximadamente 24 horas por trabajador al año desde 2000).

Pero, además, el calor causa incendios y acentúa las desigualdades: En 2023, la inseguridad alimentaria derivada del calor y la sequía afectó a un millón de personas más que en el pasado, y las personas que viven en zonas más deprimidas están más expuestas a los incendios forestales.

Además, el cambio climático propaga enfermedades transmitidas por mosquitos como la malaria, el Zika o el dengue -ha crecido un 297% en la última década-, favorece las plagas de garrapatas, dispara la proliferación de infecciones por bacterias Vibrio (este aumento fue del 50% alrededor del mar Báltico y del 32% en países del Mediterráneo, como Francia e Italia, que antes se consideraban de bajo riesgo), y ha duplicado la temporada de polen para alérgicos y asmáticos.

Aunque el informe destaca los avances hacia la descarbonización, subraya que la dependencia de los combustibles fósiles mantiene a Europa "a merced de los cambios geopolíticos" que han llevado a los gobiernos a subvencionar con 444.000 millones de euros el encarecimiento de la energía para proteger a los hogares (el triple de lo que se destinó en 2016), dedicando unos recursos que podrían acelerar la transición a las energías limpias o a proteger la salud.

"Mientras Europa siga dependiendo de los combustibles fósiles, nuestras economías, nuestros presupuestos públicos y, en última instancia, nuestra salud seguirán siendo vulnerables", recalca Hannah Klauber, coautora del estudio.

Asimismo, en el progreso hacia la transición a las renovables, el informe advierte de que la biomasa sólida, que se usa para la calefacción y supuso el 31% de las renovables en 2023, no es "tan verde" como parece: contribuyó a aumentar el 4% en la mortalidad por contaminación atmosférica por PM2,5 (partículas en suspensión) desde 2000, y a la pérdida neta de masa forestal.

Y aunque los riesgos para la salud aumentan en toda Europa, el compromiso de la sociedad, la clase política y los medios de comunicación con el clima y la salud se está estancando o incluso decayendo, justo cuando la necesidad de actuar es más urgente que nunca.

Un dato: En 2024, solo 21 de 4.477 intervenciones en el Parlamento Europeo hicieron referencia al cambio climático y la salud.

No obstante, los autores ven señales de progreso en los litigios relacionados con el clima -donde los argumentos sanitarios están ganando importancia- y destacan que la decisión de la Corte Internacional de Justicia "marcó un hito histórico" al ratificar la obligación de los Estados a emprender acciones legales contra el cambio climático para proteger la salud.

A la vista de estos datos, el informe concluye que Europa necesita un impulso decidido por la puesta en marcha de políticas de adaptación y mitigación del cambio climático en Europa que permitan un futuro "seguro y saludable" porque salvar el planeta es, ante todo, salvar vidas.