Noemí Jabois
Qasmiye (Líbano), 19 abr (EFE).- Con la entrada en vigor de un alto el fuego con Israel, Mohamad Khalil ha empacado sus cosas y ha comenzado a conducir hacia el sur del Líbano para ver hasta donde puede llegar, sabiendo que su natal Aita al Shaab está muy probablemente fuera de las opciones por la presencia de tropas israelíes.
Al confirmar un cese de hostilidades de diez días el pasado jueves, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, anunció también que no se van a mover del sur del Líbano, donde el Estado judío pretende establecer un "cinturón de seguridad" que va desde la divisoria de facto hasta el río Litani.
Aita al Shaab, una de las aldeas ocupadas en las zonas fronterizas donde se ha denunciado la reciente demolición de cientos de viviendas, ya había sido arrasada durante la anterior guerra de 2024, por lo que Mohamad estima que solo unas 70 u 80 familias habían regresado de forma definitiva.
Él, por su parte, perdió su casa en aquel conflicto, así que cuando estalló la nueva oleada de violencia a comienzos del mes pasado aún vivía de alquiler en Kafra, un pueblo a unos diez kilómetros más al norte.
Sin embargo, iba todos los días a Aita al Shaab para trabajar sus tierras.
"Después de la última guerra, alquilé una casa en Kafra e iba todos los días a Aita (...) Soy agricultor, así que al terminar el conflicto anterior bajaba a Aita a plantar tabaco, aramos la tierra y todo", relata el hombre a EFE.
Mohamad, que hace unos tres años perdió parte de una pierna a causa de un artefacto explosivo sin detonar dejado atrás por el "enemigo", decidió abandonar el lugar de la capital donde permanecía desplazado desde hacía mes y medio, y aprovechar la tregua para volver al sur.
"Ahora voy bajando para ver dónde quedarme, aún no sé donde (...) Creo que solo voy a poder llegar a Kafra", comenta, antes de seguir avanzando con su esposa hacia la franja más meridional del país.
Ninguno de sus familiares o amigos se ha aventurado a viajar por el momento hasta Aita al Shaab, parte de una región donde los medios locales siguen informando de algunos ataques israelíes y de explosiones aparentemente vinculadas a la demolición de inmuebles con dinamita.
Anoche mismo, el líder el grupo chií libanés Hizbulá, Naim Qassem, alertó de que su formación responderá si Israel viola el alto el fuego en vigor, asegurando que sus combatientes siguen "con los dedos en el gatillo" por falta de confianza en las promesas israelíes.
El movimiento libanés, fuerte en la guerra de guerrillas, ha estado enfrentando el avance de las fuerzas del país vecino en las últimas semanas, desatando combates en varios pueblos.
En general, los más de un millón de desplazados por el conflicto en el Líbano se toman la tregua con cautela, especialmente aquellos oriundos de zonas más abajo del Litani y, por tanto, dentro de la franja de 10 kilómetros de profundidad bajo amenaza de ocupación total.
Los que vuelven con más optimismo proceden de localidades a las que el Estado judío aún no ha podido acercarse, como Srifa. Allí pretende volver Abás (nombre ficticio), motivado por el regreso de otros vecinos ya desde el primer día de cese de hostilidades, el viernes.
"Dicen que el pueblo ya está lleno", cuenta a EFE, mientras espera para cruzar el río por uno de los arreglos provisionales que ha hecho el Ejército libanés, después de que casi todos los puentes fueran bombardeados en las últimas semanas.
"Nosotros hemos bajado para quedarnos allí abajo ya si Dios quiere. Ahora vamos a bajar a ver y nos quedaremos viendo como va la situación, es un enemigo traicionero", reconoce Abás.
Otros, de zonas más pegadas a pueblos ocupados por el Estado judío, se animan solo a visitar sus casas por un rato, como una familia que se encuentra de camino a Majdal Selm, no muy lejos de la frontera.
"Ahora en nuestro pueblo no hay israelíes, pero en el pueblo de al lado sí hay (...) Está nuestro pueblo y luego justo hay un valle y justo a lado de este valle allí están ellos", explica a EFE el padre de familia.
"Hay gente que está bajando para traer sus cosas y volver a subir, pero quedarse allí no se van a quedar", agrega.
Ellos mismos van a hacer lo mismo por ahora y, aunque afirma no tener miedo a entrar para recoger enseres, tampoco van a tomar la decisión de volver a casa al menos hasta comprobar que la tregua de diez días aguanta con éxito.
"Fui a recoger mis cosas y dejé el pueblo para los combatientes, para que les rompan la cabeza a estos (a los israelíes)", grita por la ventanilla con una sonrisa un anciano que regresa del sur, al volante de un coche cargado de bártulos. EFE
(foto)
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