Don Juan Carlos, arropado por la infanta Elena, presume de buena salud en Sanxenxo: "Estoy divinamente, ya lo veis"

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Después de una intensa primera jornada de regatas en Sanxenxo, donde el rey Juan Carlos ha vuelto a disfrutar de una de sus grandes pasiones, la vela, la actividad se ha trasladado por la noche del mar a tierra firme. El emérito ha puesto el broche a la jornada acercándose al Real Club Náutico de la localidad pontevedresa, convertido de nuevo en centro neurálgico de sus planes sociales durante este fin de semana marcado por el Trofeo de 6 Metros y las salidas en la ría en compañía de su tripulación y amigos.

A su llegada al club, el padre de Felipe VI se ha mostrado de lo más distendido. Visiblemente sonriente y apoyado en su bastón, ha respondido a los medios que aguardaban en la entrada con una frase que lo dice todo sobre cómo se encuentra en esta escapada gallega: "Divinamente, ya lo veis". Esa breve respuesta, acompañada de una amplia sonrisa, refuerza la imagen de un don Juan Carlos relajado, disfrutando de estos días en Sanxenxo entre regatas, buena gastronomía y largas sobremesas con su círculo más cercano.

En esta ocasión no ha estado solo. Junto a él ha aparecido su hija, la infanta doña Elena, que se ha convertido en una presencia habitual a su lado siempre que el calendario y el clima permiten una nueva cita con las regatas en las Rías Baixas. Ambos han entrado en el Club Náutico de Sanxenxo para disfrutar de una cena entre amigos, en un ambiente muy familiar. La complicidad padre-hija, ya vista en otras escapadas a Galicia, se ha dejado notar de nuevo a las puertas del club.

Tras varias horas en el interior, el rey emérito y la infanta han abandonado el Náutico entrada la noche, arropados por el equipo del club y por los amigos con los que han compartido mesa. A la salida, don Juan Carlos ha mantenido el gesto relajado, confirmando que la cena ha sido el colofón perfecto a un día marcado por el mar, el deporte y la buena compañía. La estampa refuerza la imagen de Sanxenxo como refugio habitual del monarca en sus visitas a España, donde combina jornadas de vela con estos encuentros más íntimos en torno a la mesa, siempre con la infanta Elena muy pendiente de él.