Neville Ash (UNEP): "Todo lo inferior a un 30 % de zonas protegidas en 2030 nos hará retroceder"

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Redacción Medioambiente, 15 abr (EFE).- Una vez cumplido, aunque con retraso, el objetivo de contar con un 10 % de los océanos protegidos, cualquier rebaja o cualquier retraso en la meta de elevar el porcentaje al 30 % en 2030 será un retroceso en la tarea de detener y revertir la pérdida de la naturaleza.

Así lo asegura Neville Ash, director del Centro Mundial de Vigilancia de la Conservación del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP-WCMC), que defiende así que las metas deben ser altas, pero recuerda que "la ambición por sí sola no impulsa el progreso".

"Alcanzar el 10 % es un hito de enorme importancia, pero también pone de manifiesto lo mucho que queda por hacer si queremos cumplir con un 30 % de áreas efectivamente conservadas para 2030", señala.

"Sí, es ambicioso. Y tiene que serlo. Todo lo que esté por debajo o cualquier retraso nos hará retroceder en el objetivo general fundamental de detener y revertir la pérdida de la naturaleza", asegura el experto, para quien "lo que se necesita ahora es una acción urgente para obtener resultados".

Aunque una herramienta eficaz para avanzar hacia el objetivo del 30 % es el reconocimiento de 'Otras medidas de conservación basadas en áreas', que no son zonas oficialmente bajo protección pero que se conservan de manera efectiva, un paso clave en los próximos meses, señala Ash, será "poner en marcha el mecanismo para proteger y conservar zonas en los dos tercios del océano que se encuentran fuera de la jurisdicción nacional: la alta mar".

Ash recuerda que menos del 2 % de esas aguas están protegidas y que el Tratado de Alta Mar que entró en vigor en enero ofrece ahora a los gobiernos la oportunidad de establecer nuevas áreas fuera de su jurisdicción.

¿Cómo será el mecanismo? El director de la UNEP-WCMC explica que "una vez que el Tratado esté plenamente operativo, por ejemplo con un órgano científico y técnico establecido, los países podrán presentar propuestas de áreas marinas protegidas".

"El órgano científico y técnico asesorará entonces a la Conferencia de las Partes del Tratado, que decidirá. Aunque se prevé que la toma de decisiones se base en el consenso en la mayoría de los casos, la Conferencia de las Partes podrá establecer áreas marinas protegidas si tres cuartas partes de los países votan a favor de la propuesta", indica.

Pero una vez establecido el mecanismo, "será necesario utilizarlo", destaca, por lo que tanto los gobiernos que presenten propuestas como el proceso del Tratado para examinarlas "tendrán que actuar con rapidez" para que las nuevas áreas designadas "contribuyan al objetivo global de proteger el 30 % de los océanos para 2030".

Neville Ash enfatiza el hecho de que un área designada como protegida "no se traduce automáticamente en beneficios para la naturaleza".

"Es esencial que las áreas protegidas y conservadas se designen como zonas importantes para la biodiversidad, que estén bien conectadas entre sí y que se gestionen adecuadamente", recomienda.

Cuando la cobertura de protección ya es alta, "garantizar la eficacia de las áreas protegidas debería ser la máxima prioridad", señala, y destaca también la importancia de garantizar que todos los tipos de ecosistemas estén bien representados.

Hay herramientas, apunta, para supervisar la calidad de la gestión de un área protegida o conservada. Entre ellas, el Estándar de la Lista Verde de Áreas Protegidas y Conservadas de la Unión Internacional de la Naturaleza (IUCN), la Guía de Áreas Marinas Protegidas o la Base de Datos Global sobre la Eficacia de la Gestión de las Áreas Protegidas de Protected Planet.

Pero, admite Ash, "sigue habiendo muchas lagunas de datos en todas las partes del mundo".

"Necesitamos urgentemente un mejor seguimiento de la calidad de la gestión, la gobernanza y los resultados de conservación de estas áreas", añade, porque los datos en estos tres aspectos "son mínimos, lo que limita la capacidad de comprender el progreso general hacia la meta".

Detrás de este problema, dice, "se encuentra la importante limitación que supone la falta de recursos financieros, que es bien conocida y debe abordarse con urgencia".

Las lagunas en los datos, advierte, no son en todo caso un obstáculo para tomar medidas.

Ash considera que, si bien el compromiso de proteger y conservar eficazmente el 30 % de la Tierra "es de vital importancia", hay que sumarlo a otros objetivos incluidos en el Marco Mundial de Diversidad Biológica de Kunming-Montreal, como la restauración del 30 % de los ecosistemas degradados para 2030

"Los gobiernos han reconocido que debemos movilizar más fondos y que debemos abordar las causas subyacentes de la pérdida de biodiversidad, como el consumo y la producción insostenibles y el flujo de fondos hacia actividades que dañan la naturaleza. Solo cuando abordemos todas estas cuestiones podremos detener y revertir la pérdida de biodiversidad", sostiene.