JD Vance sufre un varapalo con el fracaso de la negociación con Irán y la derrota de Orbán

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Eduard Ribas i Admetlla

Washington, 13 abr (EFE).- El fracaso de las negociaciones en Islamabad para poner fin a la guerra de Irán y la derrota electoral de Viktor Orbán en Hungría, estrecho aliado de la Casa Blanca, suponen un doble revés para el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, quien se involucró personalmente en ambos frentes.

El 'número dos' de la Administración de Donald Trump regresó a Washington el domingo con las manos vacías tras haber encabezado el cara a cara con Irán de más alto nivel desde la revolución islámica de 1979 y tras haberse implicado de manera inusual en la fallida campaña electoral de Orbán.

Vance, favorito en las encuestas para suceder a Trump como candidato presidencial republicano en 2028, había mantenido hasta ahora un perfil bajo en política exterior, pero el protagonismo mostrado en la última semana lo convierte en la cara de dos sonoros fracasos.

Contra todo pronóstico, el vicepresidente fue elegido para liderar la delegación estadounidense que se reunió el sábado en Islamabad con autoridades iraníes, en un intento por hallar una salida a la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero.

Vance había sido uno de los miembros de la Administración más opuestos a la ofensiva, apelando al lema "Estados Unidos primero" que Trump enarboló en campaña, prometiendo poner fin a las prolongadas guerras en el extranjero.

Según filtraciones a medios locales, una vez que Trump tomó la decisión de atacar Irán, Vance pidió que la operación fuera fulminante y descabezara rápidamente al régimen de los ayatolás, pero el conflicto se estancó y ha provocado graves perturbaciones económicas tras el bloqueo del estrecho de Ormuz.

Tras más de 40 días de guerra, Vance se vio en Pakistán, acompañado por los enviados de la Casa Blanca Steve Witkoff y Jared Kushner —yerno de Trump—, sentado frente a representantes iraníes como el presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, en las conversaciones de más alto nivel entre ambos países en casi medio siglo.

El mismo día, el secretario de Estado, Marco Rubio, quien recorta distancias con Vance como posible sucesor de Trump, acudía con el presidente republicano a una velada de artes marciales mixtas en Miami.

Pero tras más de 20 horas, Vance concluyó su misión sin lograr un acuerdo con Irán, país al que culpó del fracaso porque, dijo, no está dispuesto a renunciar a sus ambiciones nucleares.

Tampoco se alcanzó ningún entendimiento sobre la libre navegación en el estrecho de Ormuz, una vía estratégica para el comercio de petróleo bloqueada por Teherán en represalia por los ataques, ni sobre la liberación de fondos iraníes congelados.

Tras el fiasco, Trump ordenó a la Marina estadounidense bloquear también el paso para evitar el tránsito de buques iraníes o de sus aliados, un gesto que amenaza con agravar todavía más el conflicto.

Antes de viajar a Pakistán, Vance hizo escala en Hungría para respaldar a Orbán, el principal aliado del trumpismo en Europa y que llegaba debilitado a las urnas tras 16 años en el poder.

En un gesto inédito para un vicepresidente estadounidense, participó en un mitin del mandatario ultranacionalista en el que pidió abiertamente el voto para él, al tiempo que lo elogió por su política antimigratoria y por enfrentarse, dijo, a "los burócratas" de Bruselas.

Pero la apuesta no surtió efecto: Orbán fue derrotado por Péter Magyar, de perfil proeuropeo, según los resultados anunciados el domingo por la noche, cuando Vance ya volaba de regreso a Washington tras la frustrada cumbre de Islamabad.

Poco después, Trump publicó un inusual mensaje en redes sociales en el que arremetió contra el papa León XIV por su condena a la guerra con Irán, acompañado por una imagen de sí mismo representado como Jesucristo, un post que indignó a la comunidad católica estadounidense y probablemente incomodó también a Vance, un reconocido católico converso. EFE

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