Budapest, 7 abr (EFE).- Ya sea el ultranacionalista Viktor Orbán quien vuelva a ganar las elecciones este domingo, tras 16 años en el poder, o bien la oposición conservadora logre una victoria, el nuevo Gobierno de Hungría tendrá que gestionar una economía lastrada por un crecimiento muy débil, un déficit elevado y un creciente desempleo.
El país tiene una economía abierta, muy dependiente del comercio exterior, sobre todo con la Unión Europea (UE), que supone más del 75 % de su comercio internacional.
Con ello, el Producto Interior Bruto (PIB) per cápita aumentó considerablemente entre 2010 y 2025, pasando desde algo menos de 10.000 euros hasta 25.000 euros.
Sin embargo, tras tasas de crecimiento de entre el 4 y 5 % entre 2014 y 2019, la evolución del PIB se estancó en los últimos dos años.
En 2024 y 2025, el país creció solo entre el 0,4 % y 0,6 %, a pesar de las promesas de un "fulgurante" crecimiento económico hechas por el propio Orbán.
Esa fuerte desaceleración se debió en parte al fuerte recorte de las transferencias de fondos europeos desde 2022 por la vulneración de los principios del Estado de derecho.
Paralelamente, el déficit presupuestario estimado para este año es del 5 %, mientras que la tasa de desempleo se situó en enero en el 4,9 %, un valor moderado a nivel europeo pero el más alto en Hungría en una década.
Si bien la inflación bajó en enero al 2,1 %, el nivel más bajo en ocho años, se estima que la subida de precios acumulada entre 2020 y 2026 es una de las más altas de toda la UE, con un pico del 17,6 % en 2023.
Ya en 2022, el Banco Nacional Húngaro advirtió de que los indicadores financieros y macroeconómicos estaban "entre los peores de la UE" y habló de una economía "cercana a la crisis".
"En esta situación, la agencia de calificación Fitch revisó en diciembre la perspectiva de la deuda soberana de Hungría, pasando de ‘estable’ a ‘negativa’ en el nivel BBB. Es decir, el nuevo Gobierno heredará una economía muy frágil", explicó a EFE Péter Ákos Bod, economista y gobernador del Banco Nacional entre 1991 y 1994.
Bod recordó que en los últimos años el déficit siempre superó el 3 % de límite que marca la UE y que en los primeros dos meses de 2026 el Gobierno ya acumuló la mitad del endeudamiento previsto para todo el ejercicio.
El encarecimiento del combustible debido a la guerra en Irán ha añadido otro problema, ya que la economía húngara depende mucho de las importaciones de energía.
Mientras, las importaciones de petróleo desde Rusia sufrieron un corte por los daños causados en un ataque ruso al oleoducto 'Druzhba' (Amistad), que cruza Ucrania para llegar al país.
En los últimos años, el Gobierno ha recurrido en varias ocasiones a topar los precios de productos básicos como medida de alivio a la población ante la presión inflacionista, cuando con ello problemas de abastecimiento.
Entre 2014 y 2020 el país recibió unos 39.000 millones de euros de la UE, y las transferencias comunitarias llegaron a representar hasta el 4 o 5 % del PIB anual.
Sin embargo, en los últimos años Bruselas retuvo parte de esos fondos por los ataques del Gobierno a los valores europeos y por la corrupción, lo que ha añadido presión a las finanzas públicas.
Actualmente la Comisión Europea mantiene congelados más de 15.000 millones de euros.
Para contrarrestar ese efecto el Gobierno de Orbán ofreció antes de las elecciones de 2022 importantes alivios fiscales.
"Así pudieron ganar las elecciones", afirma Bod y recuerda que, posteriormente, tuvo que aumentar impuestos y cancelar inversiones públicas. "Ahora el Fidesz ha abierto el mismo libro", subraya.
El Gobierno eximió a mediados del 2025 del impuesto sobre la renta a la madres y a los menores de 25 años, pero también introdujo créditos para pequeñas empresas o hipotecas a intereses fijos del 3 %, por debajo de las tasas del mercado.
"El ganador de las próximas elecciones se enfrentará a importantes desafíos macroeconómicos y de finanzas públicas debido al bajo crecimiento, un gran déficit fiscal y la alta y creciente deuda del gobierno", advierte Fitch en su informe de marzo.
La agencia de calificación de riesgos espera que un nuevo Gobierno dé pasos para asegurar la consolidación fiscal y para "reconstruir la credibilidad de la política fiscal".
Para Bod, la clave será que si el nuevo Gobierno logra recuperar los fondos europeos, "estabilizará las condiciones" y podría reiniciar la economía, algo que ve difícil si Orbán sigue en poder, debido a sus conflictos con la UE.
En cuanto al programa económico del partido opositor Tisza, que según las encuestas podría derrocar a Orbán, el economista afirma que "va en una buena dirección" al prometer descongelar los fondos europeos y detener las "innecesarias" inversiones estatales.
Con todo, Bod destaca que si Tisza forma Gobierno, tendrá que enfrentar el problema de que las mayores empresas y muchas instituciones estatales están controladas por familiares, amigos y políticos cercanos a Orbán. EFE
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