Japón se abre a cooperar con países asiáticos para garantizar el suministro de productos petrolíferos

La mandataria Sanae Takaichi aseguró que Tokio evalúa apoyar a otras economías asiáticas por la crisis del petróleo vinculada a la guerra en Irán, ante el riesgo de un fuerte impacto económico y la inestabilidad regional

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El intercambio comercial entre Japón y varios países asiáticos enfrenta desafíos vinculados al suministro de petróleo, en medio de la crisis generada por la guerra en Irán y las tensiones en la región del estrecho de Ormuz. Países como Vietnam y Filipinas han solicitado asistencia japonesa para paliar los efectos de la situación energética, de acuerdo con el diario japonés Mainichi. A raíz de estas demandas, Manila recibió un cargamento de más de 140.000 barriles de petróleo procedente de Japón, según confirmaron las autoridades filipinas. En este contexto, la crisis energética y su posible extensión a los sectores industriales de la región marcan la agenda de las autoridades niponas, que analizan medidas para asegurar la estabilidad del abastecimiento.

Según consignó Mainichi, la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, declaró que su gobierno valora la cooperación con otras naciones asiáticas para afrontar la escasez o las alteraciones en el mercado petrolífero, con el objetivo de contener eventuales trastornos económicos tanto a nivel interno como en la actividad internacional de las empresas japonesas. Takaichi sostuvo: “Estudiaremos la posibilidad de cooperar con los países asiáticos y de prestarles apoyo”, aludiendo a la conformación de un grupo de trabajo liderado por el ministro de Industria, Ryosei Akazawa, que revisa de manera periódica las condiciones del suministro de productos derivados del petróleo.

El problema se agrava para Japón por su dependencia del crudo de Oriente Próximo, de donde importa el 90% del petróleo que utiliza, informó Mainichi. El estrecho de Ormuz, principal ruta marítima para el transporte de hidrocarburos, se ha visto afectado por los episodios recientes en la región, lo que ha causado inestabilidad en el flujo y en el mercado internacional. Como medida de contención, el gobierno japonés decidió liberar parte de sus reservas energéticas el 16 de marzo. La medida implicó el uso de volúmenes privados equivalentes a quince días de consumo, con el fin de responder a las nuevas condiciones del mercado y facilitar tanto la oferta como la demanda global de energía.

El sector industrial en Asia se enfrenta a alteraciones por la volatilidad en los suministros. Varias ramas manufactureras, estrechamente ligadas al acceso estable de combustibles y derivados, se han visto en la necesidad de ajustar operaciones debido a las fluctuaciones de precios y a la irregularidad en los envíos. Mainichi detalló que la iniciativa japonesa de evaluar una ayuda más amplia obedece tanto a mantener la propia seguridad energética como a garantizar que los mercados regionales no experimenten parálisis productivas que repercutan en la economía global.

Por otra parte, la respuesta de Tokio a esta coyuntura incluye el monitoreo continuo de sus reservas y el análisis de colaboraciones estratégicas regionales. El grupo especial encabezado por Ryosei Akazawa recopila datos sobre las capacidades de almacenaje, las rutas de distribución y los posibles escenarios de interrupción, con el fin de definir respuestas rápidas ante posibles crisis mayores, de acuerdo con lo publicado por Mainichi.

El apoyo de Japón a naciones como Filipinas y Vietnam se explica, además, por la solicitud expresa de estos países, que buscan tanto el acceso a recursos energéticos como una coordinación más estrecha en el establecimiento de políticas frente a la crisis en Oriente Próximo. La situación pone de relieve la alta interdependencia energética en Asia y la importancia de los acuerdos bilaterales y multilaterales para enfrentar interrupciones inesperadas en los mercados internacionales, según ha reportado el medio japonés.

Las recientes tensiones en Oriente Próximo han colocado a Tokio en una posición de liderazgo en el debate sobre la seguridad energética asiática, ya que Japón dispone de significativas reservas estratégicas de petróleo y de mecanismos de respuesta ante emergencias aprobados en coordinación con sus socios internacionales. El gobierno japonés examina, además, las implicancias económicas de sostener estas reservas y de definir nuevas alianzas donde el suministro de energía se convierte en un eje clave del desarrollo y de la estabilidad regional, detalló Mainichi.

El monitoreo constante de la situación energética y las respuestas adoptadas por Tokio forman parte de un paquete de políticas destinadas a anticipar y mitigar los impactos de posibles crisis prolongadas en la región. La estrategia japonesa contempla no solo la asistencia directa en suministro, sino también la disposición a intervenir en el mercado para evitar fluctuaciones excesivas de precios y escasez en el mediano plazo, informó Mainichi.