
Según los datos recabados por la Guardia Civil, las sospechas de la empresa distribuidora comenzaron tras detectar la falta de cientos de ejemplares en sus inventarios durante los últimos cinco años. La organización criminal actuaba con supuesta coordinación: mientras uno de los implicados, empleado de la propia distribuidora, sustraía los libros de forma sistemática, otros dos presuntamente se encargaban de comercializarlos a través de la plataforma digital Wallapop.
Tal como publicó el medio, la investigación se inició a raíz de la denuncia que la distribuidora de libros presentó después de registrar pérdidas constantes de ejemplares. Las indagaciones de la Guardia Civil revelaron que este proceso ilícito venía prolongándose durante un lustro, hasta que logró confirmarse la presunta implicación del grupo formado por los tres arrestados.
El pasado 11 de marzo, la operación policial finalizó con la detención de los sospechosos en Madrid. Según informó la Guardia Civil, se les acusa de un supuesto delito continuado de hurto y de pertenencia a grupo criminal, cargos que implican no solo la sustracción reiterada de bienes de la empresa, sino también la organización estructurada y prolongada en el tiempo para lograr estos fines.
De acuerdo con la información revelada por las autoridades y reproducida por el medio, uno de los detenidos trabajaba en la distribuidora afectada, lo que le permitió tener acceso directo a los libros. El método consistía en retirar ejemplares del catálogo sin levantar sospechas, aprovechando su posición de confianza dentro de la compañía. Los otros dos implicados tenían el rol de vender los libros robados aprovechando el alcance y anonimato relativo que ofrece Wallapop a sus usuarios.
Se estima que el beneficio económico obtenido por el grupo habría superado los 400.000 euros a lo largo de los cinco años que duró la actividad ilícita. El modus operandi permitía que los ejemplares sustraídos se introdujeran en el circuito de segunda mano de forma disimulada, dificultando su trazabilidad y la detección del delito durante un largo periodo de tiempo, según detalló la Guardia Civil.
La distribuidora perjudicada detectó irregularidades tras observar la aparición de sus libros en venta en plataformas digitales, situación que, con el paso del tiempo y la reiteración, motivó la denuncia que desencadenó la investigación policial. A través del rastreo de anuncios y transacciones en Wallapop, los agentes consiguieron identificar a las personas detrás de estas operaciones, así como establecer el vínculo entre el empleado y los vendedores externos.
El resultado de la operación policial resaltó la complejidad y la persistencia del grupo para evitar ser descubiertos. Los investigadores reunieron pruebas de la colaboración entre los tres sospechosos, lo que llevó a considerar sus acciones como parte de un delito continuado y organizado, más allá de sustracciones aisladas, según consignó el medio.
Las diligencias se comunicaron a la autoridad judicial competente, que continuará el proceso para determinar la responsabilidad penal de los implicados. El caso pone en evidencia tanto la vulnerabilidad interna de empresas ante delitos cometidos por empleados como el uso de plataformas digitales para dar salida a productos sustraídos de manera ilícita.
La Guardia Civil señaló que la recuperación del dinero obtenido y de los ejemplares vendidos de manera irregular formará parte de la siguiente fase del procedimiento judicial y policial. Mientras tanto, la distribuidora afectada se encuentra colaborando con las autoridades para esclarecer la totalidad de los ejemplares sustraídos y la magnitud de las pérdidas sufridas, informó el medio.
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