(Perfil) Carolina Marín, 'La McEnroe' que ya es historia del bádminton mundial y el deporte español

De origen humilde, la onubense desafió todos los pronósticos y escribió su nombre en la elite deportiva gracias a una mentalidad férrea y logros inéditos que dejaron huella en la historia y cambiaron para siempre el panorama del bádminton español

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En el tramo final de su carrera, Carolina Marín expresó su deseo de retirarse en Huelva durante el Europeo de 2026, torneo que se celebrará en el Palacio de los Deportes que lleva su nombre del 6 al 12 de abril. Según informó Europa Press, la deportista onubense enfrenta este adiós con la certeza de que, tras tres graves lesiones de ligamento, probablemente su cuerpo ha alcanzado el límite. La retirada de Marín implica una pérdida significativa para el deporte español, que ve alejarse a una figura fundamental y un ejemplo de perseverancia, pero también incorpora a la historia del bádminton nacional un referente para futuras generaciones.

"Soy muy competitiva, hasta jugando al parchís con mi abuela. Mi madre me llamaba 'la McEnroe' y con razón. Cuando perdía un partido me iba a llorar sola y rompía raquetas de la mala hostia que me entraba. Esa competitividad es lo que me ha llevado a conseguir lo que he conseguido", declaraciones realizadas por Marín en 2018 y citadas por Europa Press, permiten entender el carácter que marcó su camino deportivo. Dos años antes de esas palabras, la jugadora alcanzó la cima del bádminton conquistando la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. Ese triunfo, el primero y aún único conseguido por una jugadora no asiática en la era olímpica de esta disciplina, supuso un hito sin precedentes y alteró el panorama internacional dominado tradicionalmente por seleccionados asiáticos.

La onubense dio sus primeros pasos en el bádminton a los ocho años, momento en el que una compañera de colegio le presentó la actividad que resultaría decisiva en su vida. Según publicó Europa Press, desde sus inicios Marín manifestó una habilidad especial, siendo todavía una niña cuando comenzó a entrenar en el Centro Nacional de Madrid y, a los trece años, ganó su primer Campeonato Nacional. Poco después se mudó a la Residencia Joaquín Blume, etapa en la que conoció a Fernando Rivas, el entrenador que se convertiría en una figura clave dentro de su carrera y potenciaría las cualidades competitivas que ya identificaba en sí misma.

De acuerdo con datos recogidos por Europa Press, el ascenso internacional de Marín se aceleró en 2014, cuando con tan solo veintiún años conquistó su primer título mundial, logro que repitió en 2015 y posteriormente en 2018. A estos títulos globales sumó siete oros europeos (2014, 2016, 2017, 2018, 2021, 2022 y 2024), lo que la consolidó como la jugadora más condecorada de Europa en la historia del bádminton. El estilo de juego de Marín, descrito como agresivo y técnico, y su conocido grito en la pista, se convirtieron en señas de identidad y en fuente de incomodidad para sus rivales internacionales.

Con la irrupción de Carolina Marín en el escenario olímpico, el dominio asiático que había marcado la disciplina desde su inclusión en 1992 se vio interrumpido. La propia Europa Press resaltó que tras seis ediciones con campeonas de Asia, la deportista española rompió todas las previsiones y se alzó con el oro en Río 2016. Su actuación allí abrió una nueva etapa para el bádminton español, disciplina hasta ese momento sin apenas tradición de éxitos internacionales en el país.

El recorrido de Marín estuvo también marcado por episodios de fuerte adversidad física. Europa Press detalló que, tras conquistar el oro en Río, la jugadora sufrió en 2019 una rotura de ligamento cruzado anterior en la rodilla derecha. En 2021, a pocos días de la cita olímpica de Tokio, se lesionó nuevamente: el cruzado de la rodilla izquierda y ambos meniscos sufrieron daños severos, obligándola a dejar vacante su condición de campeona olímpica. A pesar de la gravedad de las lesiones, volvió a entrenar y competir, impulsada por el lema personal "Puedo, porque pienso que puedo", tal como recogió el medio citado.

La determinación de regresar a la mejor versión de sí misma llevó a Marín a preparar su participación en los Juegos Olímpicos de París 2024. Sin adelantar procesos de recuperación, logró de nuevo el campeonato de Europa y fue galardonada con el Premio Princesa de Asturias del Deporte, la mayor distinción deportiva de España, antes de competir en la capital francesa. En el torneo olímpico de París, la jugadora demostró nuevamente su nivel, logrando imponerse sobre la mayoría de sus rivales y apoderándose prácticamente del torneo hasta que, a tan solo once puntos de acceder a la final, una recaída en la rodilla truncó sus aspiraciones por subirse al podio. A pesar de la lesión, intentó disputar la medalla en condiciones adversas, llegando a requerir una rodillera en pista, según destacó Europa Press.

Pese a los reveses físicos, Marín mantuvo una regularidad en las principales competiciones, convirtiéndose en una habitual ganadora de medallas en cada torneo que disputaba y afianzando el reconocimiento nacional e internacional. Europa Press señaló que pocos imaginaban alguna vez a la audiencia española pendiente de retransmisiones nocturnas solo para presenciar cómo una joven deportista aspiraba al oro olímpico en bádminton, o cómo, ocho años después, volvía a competir al máximo nivel internacional.

Carolina Marín, que siempre defendió el propósito de contribuir al crecimiento del bádminton en España, manifestó su intención de seguir prestando apoyo y asesoramiento a las nuevas generaciones que buscan lograr éxitos similares. "No sé que haré cuando me retire, pero tengo claro que quiero seguir ayudando a los que vienen detrás para que consigan lo que yo he conseguido", publicó Europa Press basándose en sus declaraciones. La trayectoria de la onubense configura una de las páginas más relevantes del deporte español contemporáneo, tanto por los títulos cosechados como por la apertura de camino en una disciplina que, hasta ese momento, no contaba con referentes en el país.

El legado de Carolina Marín se apoya en una combinación de triunfos deportivos, resistencia frente a las lesiones y una mentalidad ganadora. Su figura ocupa un espacio reservado en la historia del deporte español, pues logró que una disciplina sin arraigo fuera reconocida mientras se convertía en un ejemplo para futuras generaciones de deportistas. Europa Press subrayó el impacto de su legado y la influencia que ha ejercido sobre el panorama deportivo, destacando que la raqueta de Marín rompió barreras que antes parecían inamovibles tanto a nivel nacional como internacional.