Experta recomienda la vacunación contra el sarampión si se está planificando un embarazo

Especialistas alertan que la protección frente a este virus es crucial antes de buscar descendencia, recomiendan dos aplicaciones con margen de cuatro semanas, ya que la infección durante la gestación implica riesgos graves para madre y bebé según autoridades médicas

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La presencia de circulación comunitaria de sarampión en la Comunidad de Madrid durante las primeras semanas del año llevó a que los casos reportados superaran los del año anterior, según detalló el medio original. Ante este escenario, el papel de la prevención adquiere un especial significado para mujeres que desean ser madres, ya que la infección por este virus durante la gestación supone riesgos importantes tanto para la madre como para el bebé. La doctora Lourdes Sainz, responsable de Medicina Preventiva en el Hospital Universitario Nuestra Señora del Rosario de Madrid, subrayó la importancia de asegurar la protección frente al sarampión antes de iniciar la búsqueda de un embarazo, según publicó el medio de referencia.

De acuerdo con lo señalado por el medio, la doctora Sainz insistió en la vacunación contra el sarampión para mujeres que planifican un embarazo y que no cuentan con anticuerpos protectores ni han recibido previamente la vacuna. La especialista precisó que la administración recomendada consiste en dos dosis de la vacuna triple vírica (TV), que protege frente a sarampión, rubéola y parotiditis, separadas por un intervalo mínimo de cuatro semanas. Además, advirtió que las mujeres deben evitar el embarazo, al menos, durante las cuatro semanas posteriores a cada dosis aplicada.

La vacunación frente al sarampión se introdujo en España en 1981 mediante la inclusión de la vacuna triple vírica en el calendario infantil nacional, y en 1996 se incorporó una segunda dosis, lo que contribuyó a una notable caída en la circulación del virus desde el año 2000, según informó el mismo medio. Aun así, debido a la alta contagiosidad del virus, la protección individual sigue resultando esencial. El medio reportó que el sarampión puede transmitirse por el aire a través de gotitas infectadas o por contacto directo con secreciones de personas enfermas.

En relación a la infección durante el embarazo, la doctora Sainz puntualizó que si bien la probabilidad de contraer sarampión en esa etapa no aumenta, cuando la infección ocurre se asocia con más morbilidad materna y eleva el riesgo de aborto y de parto prematuro. Según publicó el medio original, no se han documentado malformaciones en el feto vinculadas a esta infección durante la gestación. Ante el posible contacto de una embarazada con un caso confirmado de sarampión, la especialista recomendó valorar la administración de inmunoglobulina (IG) en las seis jornadas posteriores a la exposición, decisión que debe individualizarse teniendo en cuenta riesgos y beneficios para la persona afectada.

El medio detalló el inicio típico del sarampión, que incluye fiebre, síntomas respiratorios como tos y secreción nasal, y conjuntivitis. Entre tres y cinco días desde el comienzo de estos síntomas, aparece una erupción cutánea característica, primero en forma de manchas planas y rojas en la cara y detrás de las orejas, que luego se extienden al resto del cuerpo: cuello, tronco, brazos, piernas y pies. Los contagios ocurren porque las personas infectadas eliminan el virus al toser o estornudar y pueden transmitirlo durante los cuatro días anteriores y posteriores a la aparición del exantema.

Tal como reportó la fuente, el sarampión tiene una tasa de ataque secundario superior al 90% en población susceptible, lo que resalta la importancia de la inmunización previa al embarazo, especialmente en contextos donde se detecta un aumento de casos. Aunque generalmente se considera una enfermedad con buen pronóstico, puede presentar complicaciones que incluyen neumonía, otitis, laringotraqueitis y diarrea; en muy pocos casos, puede derivar en encefalitis o desenlace fatal.

Según publicó el medio de referencia, el tratamiento del sarampión se basa en el control de síntomas, el mantenimiento de una correcta hidratación y la atención médica de cualquier complicación que pueda surgir durante el curso de la enfermedad. La importancia de la vacunación, la vigilancia de brotes y la intervención precoz en casos de exposición adquiere relevancia en la protección de la salud materna y fetal ante el resurgimiento de la circulación viral.