El futuro de las relaciones bilaterales entre Irán y una docena de países árabes o de mayoría musulmana se ha vinculado por sus cancilleres a que Teherán respete la soberanía estatal y se abstenga de cualquier forma de injerencia en asuntos internos o uso de capacidades militares que puedan poner en riesgo a los Estados de la región. De acuerdo con la declaración, publicada tras una reunión de ministros de Exteriores en la que participaron Arabia Saudí, Azerbaiyán, Bahréin, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Kuwait, Líbano, Pakistán, Qatar, Siria y Turquía, las exigencias incluyen la protección de infraestructuras civiles y diplomáticas, así como el cumplimiento estricto del Derecho Internacional y los tratados multilaterales. Según consignó el medio de comunicación, esta postura colectiva fue expresada en un documento conjunto que condenó las operaciones militares iraníes recientes en Oriente Próximo.
El medio detalló que los ministros de Exteriores de estos doce países han reiterado su rechazo a las acciones ofensivas llevadas a cabo por Irán contra Estados del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo (CCG), Jordania, Azerbaiyán y Turquía. La denuncia señaló que dichas operaciones han afectado zonas residenciales, infraestructuras esenciales, incluyendo plantas desalinizadoras, instalaciones petroleras, aeropuertos, edificios de vivienda y sedes diplomáticas de diversos países. La declaración consideró que estos ataques carecen de justificación y no pueden presentarse bajo ningún motivo válido.
Según publicó la fuente citada, los cancilleres han instado a Teherán a cesar de manera inmediata toda acción militar ofensiva, al tiempo que recordaron el derecho internacionalmente reconocido de los Estados a defenderse, tal como figura en el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas. Además, subrayaron la necesidad de mantener los principios de buena vecindad como condición indispensable para detener la escalada bélica, garantizar la seguridad y reforzar la estabilidad regional. La continuación del conflicto, señalaron los participantes, constituiría una amenaza directa a la diplomacia y al desarrollo en la región.
En este contexto, el texto conjunto, citado por el medio, invoca la resolución 2817 (2026) del Consejo de Seguridad de la ONU, la cual exige el cese inmediato y sin condiciones de todos los ataques y prohíbe cualquier acto o amenaza que pueda ser considerado provocador hacia los Estados vecinos. Los firmantes también reclamaron el fin del apoyo y suministro de armas, recursos o financiación hacia milicias aliadas de Irán en países árabes, calificando estas prácticas como contrarias a los intereses regionales y favorables solo a los intereses estratégicos de Teherán.
La declaración de los jefes diplomáticos incluyó nuevamente la solicitud a Irán de abstenerse de adoptar cualquier decisión o amenaza dirigida a bloquear o complicar el tránsito marítimo internacional en corredores estratégicos como el estrecho de Ormuz y el de Bab el Mandeb. Según reportó el medio, estos puntos geográficos han sido escenario de ataques a embarcaciones en las últimas semanas, lo que ha generado preocupaciones globales respecto a la seguridad de la navegación y el flujo comercial en esas rutas críticas.
A lo largo del comunicado, los cancilleres no mencionaron responsabilidad alguna de Israel ni de Estados Unidos en el contexto de la escalada actual, a pesar de que los ataques de Irán han sido presentados internacionalmente como respuesta a una ofensiva previamente lanzada por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero, según anotó el medio. Aquella ofensiva se produjo poco después de que concluyera una ronda de negociaciones sobre el programa nuclear iraní, sin que se lograra un acuerdo público.
Paralelamente, en lo que constituye la única alusión a operaciones militares de Israel, los doce cancilleres expresaron su respaldo a la integridad territorial y la seguridad interna del Estado libanés. Condenaron la agresión israelí sobre territorio libanés y rechazaron cualquier política de expansión territorial en la región. La declaración recordó que la ofensiva israelí en Líbano ha provocado hasta la fecha cerca de 970 muertes, incluyendo 116 menores, al tiempo que fuerzas israelíes han avanzado sobre áreas libanesas como respuesta a disparos realizados desde ese país por la organización chií Hezbolá, aliada de Irán.
El medio informó que los mismos gobiernos firmantes manifestaron su apoyo a las iniciativas del Estado libanés para restringir la posesión de armas de forma exclusiva al Ejército, refiriéndose a los pasos que Beirut ha dado hacia el desarme de Hezbolá. Las autoridades libanesas han estimado entre cuatro y ocho meses el periodo necesario para completar la segunda fase de este desarme al norte del río Litani, aunque los ataques y los movimientos de tropas israelíes en el terreno pueden modificar estos plazos.
Según la información recabada, los Estados árabes y musulmanes participantes centraron su pronunciamiento en la preservación de la seguridad colectiva, la no injerencia y la exigencia de acciones concretas para evitar un mayor deterioro de la estabilidad regional, destacando la importancia del respeto a tratados internacionales y poniendo el foco de sus demandas en Teherán. Los países firmantes insistieron en no tolerar violaciones a su soberanía, ni permitieron en sus pronunciamientos diluir la responsabilidad de Irán a través de justificaciones basadas en el contexto de la guerra con Israel y Estados Unidos, limitando su comunicado a demandas específicas hacia el gobierno iraní y dejando fuera cualquier referencia directa a los otros actores involucrados en la crisis de seguridad.
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