
El enviado especial de Estados Unidos, Steve Witkoff, planteó la posibilidad de que la reciente ofensiva contra Irán facilite la adhesión de más países árabes a los denominados Acuerdos de Abraham, según informó la cadena CNBC. Estos acuerdos, promovidos durante el primer mandato de Donald Trump, han permitido que naciones como Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Sudán y Marruecos normalicen relaciones con Israel, a los que también se sumaron previamente Jordania y Egipto. Witkoff declaró que "están saliendo de la nada, convocándonos, en múltiples intentos de contactar a países que quieran formar parte de los Acuerdos de Paz de Abraham", y atribuyó ese renovado impulso diplomático a las “represalias emprendidas por Teherán contra bases e intereses estadounidenses” en la región.
Tal como publicó CNBC, Witkoff afirmó que Estados Unidos, tras coordinarse con Israel, ha destruido "casi toda" la capacidad de enriquecimiento y conversión nuclear de Irán. El funcionario detalló que antes del inicio de la ofensiva, el país asiático contaba con aproximadamente 460 kilogramos de material nuclear enriquecido al 60%, suficiente para fabricar hasta once bombas nucleares. De acuerdo con Witkoff, esta situación motivó el ataque conjunto iniciado el 28 de febrero, con miras a limitar el margen de acción de Irán y someterlo a estrecha vigilancia internacional.
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Según reportó CNBC, Witkoff justificó la actuación militar de la Casa Blanca bajo el argumento de que, durante una ronda de negociaciones sostenida con las autoridades iraníes apenas 24 horas antes de la ofensiva, la delegación de Teherán se planteó desde el inicio con la premisa de que poseía el derecho a continuar enriqueciendo uranio y de que ya disponía de material suficiente para acercarse a un umbral armamentístico en cuestión de días. El enviado sostuvo que "empezar la conversación con la premisa de que tienen derecho a enriquecer, sumada a la de que tienen material de enriquecimiento equivalente a once bombas a una semana o una semana y media de alcanzar la capacidad para armas, y que no iban a darnos diplomáticamente lo que, según ellos, no podríamos conseguir desde el punto de vista militar, fue razón suficiente para que decidiéramos que no estaban allí para negociar deliberadamente una solución diplomática a este conflicto".
Dentro de la entrevista a CNBC, Witkoff apuntó que "no hay razón para estar al 60%, ninguna, ninguna razón, a menos que se busque un arma (nuclear)", en referencia a la alta pureza del material que Irán mantenía antes de los bombardeos. Sostuvo además que, tras siete u ocho días del inicio de la ofensiva, los resultados obtenidos superaban las expectativas iniciales de la coalición. El representante estadounidense manifestó no saber cómo terminará el conflicto, pero enfatizó que el presidente Donald Trump "no es la persona adecuada para enfrentarse" y que "ha trazado una línea roja: Irán no puede tener un arma".
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A propósito de los resultados de la campaña militar, Witkoff reiteró ante CNBC que vastos sectores de la infraestructura clave de enriquecimiento de Irán quedaron fuera de servicio, reflejo del alcance de los ataques coordinados entre Estados Unidos e Israel. Según sus palabras, "hemos destruido casi toda su capacidad de enriquecimiento y de conversión", lo cual, desde la perspectiva de Washington, coloca a Teherán en una posición de debilidad, bajo la mirada estricta de la comunidad internacional y sin facilidades para presionar a través de negociaciones nucleares.
En el plano regional, Witkoff explicó a CNBC que los actos hostiles llevados a cabo por Irán contra bases y personal estadounidense en Oriente Próximo están generando un acercamiento entre países que hasta ahora se mostraban reticentes a coordinarse en materia de seguridad con Israel y con Estados Unidos. El diplomático describió una intensificación en las comunicaciones y los intentos de nuevos actores árabes por sumarse a la senda de normalización inaugurada por los Acuerdos de Abraham. Esta dinámica, asociada al temor provocado por el programa nuclear iraní y sus implicancias para la estabilidad de la región, podría conducir a la extensión de estos acuerdos a otros Estados, afirmó el funcionario ante CNBC.
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La cadena estadounidense también recogió que Witkoff insistió en que la decisión de volver a atacar instalaciones nucleares iraníes después de las negociaciones respondió a la falta de voluntad observada en Teherán para pactar una solución por la vía diplomática. Sobre ese punto, argumentó que la Casa Blanca midió la actitud iraní y concluyó que solo una respuesta militar contundente podía frenar el avance del programa nuclear y limitar la capacidad de presión de Irán en contextos negociadores.
De acuerdo con CNBC, la ofensiva lanzada el 28 de febrero continúa activa al menos hasta el duodécimo día tras su comienzo, con actuaciones focalizadas en las instalaciones identificadas como críticas para el programa nuclear iraní. Witkoff subrayó ante el medio estadounidense que la velocidad y el alcance de los daños infligidos a la infraestructura nuclear iraní superó lo planeado por el equipo coordinador en Estados Unidos, lo que según él presenta un nuevo escenario para las relaciones de poder regionales, así como para las perspectivas del acuerdo nuclear y las redes de alianzas en Oriente Próximo.
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La cobertura en CNBC no detalla la magnitud exacta del daño infligido a todas las plantas afectadas ni ofrece valoraciones independientes desde el lado iraní o de organismos internacionales, pero subraya el convencimiento de la Casa Blanca de que la destrucción de capacidades materiales representa un golpe estratégico para el liderazgo iraní en su objetivo de alcanzar un umbral nuclear. El impacto de estos hechos en los equilibrios diplomáticos y de seguridad de la región se mantendrá bajo observación mientras continúan las operaciones e iniciativas diplomáticas paralelas surgidas tras el ataque.
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