
El equipo de investigación internacional, coordinado por el Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), destacó la importancia de comprender los patrones de resiliencia en los ecosistemas marinos del norte de Europa para anticipar riesgos y diseñar políticas de gestión más eficaces frente al cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Según informó el IEO en una nota recogida por diversos medios, el grupo liderado por Marcos Llope, del Centro Oceanográfico de Gijón, reunió a científicos de España, Noruega, Suecia, Dinamarca, Alemania, Islandia, Italia, Reino Unido y Francia. Estos expertos analizaron la evolución de cuatro grandes ecosistemas: aguas islandesas, mar de Barents, mar Báltico y mar del Norte, examinando la respuesta de cada región a las presiones ambientales y humanas.
De acuerdo con el medio, el estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) abordó entre treinta y cincuenta años de datos ecológicos y ambientales. La investigación combinó registros vinculados a todos los niveles del ecosistema, desde el plancton hasta mamíferos marinos como los cetáceos. Además, el análisis incorporó múltiples variables, entre ellas la actividad pesquera, variaciones de temperatura, niveles de nutrientes y salinidad, permitiendo así una visión profunda de la resiliencia ecológica de estos entornos.
Según detalló el Instituto Español de Oceanografía, el mar Báltico y el mar del Norte, caracterizados por cierto aislamiento geográfico y grandes presiones humanas derivadas principalmente de la actividad industrial y la explotación pesquera, experimentaron cambios abruptos y difíciles de revertir. Las alteraciones en estos ecosistemas presentan lo que los científicos denominan “cambios de régimen con histéresis”, es decir, transiciones hacia nuevos estados ecológicos de los que resulta complicado regresar, incluso después de que disminuyan las presiones negativas.
El artículo, según consignó el IEO, contrastó este fenómeno con la situación de regiones más abiertas, como el mar de Barents y las aguas islandesas, donde los efectos de las perturbaciones ambientales resultaron menos drásticos. Estas áreas han mostrado una mayor capacidad para amortiguar impactos y mantener funciones ecológicas, evitando así el cruce de umbrales críticos hacia estados irreversibles. Los investigadores asociaron esta resiliencia con factores como una estructura de redes tróficas —relaciones entre depredadores y presas— más compleja, mayor conectividad y relativamente menor influencia humana directa.
Tal como publicó el Instituto Español de Oceanografía en su comunicado y según la síntesis de los autores del trabajo, el grado de aislamiento geográfico de cada ecosistema, la intensidad de las actividades humanas circundantes y la complejidad de sus cadenas tróficas resultan determinantes para explicar las diferencias observadas. Estas variables delimitan la capacidad de cada sistema para responder a las perturbaciones y recuperarse de ellas, lo que implica consecuencias de largo plazo para la biodiversidad y los servicios ecosistémicos que sostienen las poblaciones.
De la misma manera, el trabajo enfatizó la utilidad de contar con metodologías que permitan evaluar respuestas a escala integral. El enfoque implementado en el estudio integró gran cantidad de datos y empleó técnicas novedosas para distinguir entre alteraciones reversibles y transiciones que conducen a estados estables alternativos. Según reportó el IEO, este tipo de conocimiento resulta crucial para avanzar hacia modelos de gestión ecosistémica efectiva, particularmente en áreas identificadas como altamente vulnerables a presiones externas.
En palabras de Marcos Llope, citadas por el Instituto Español de Oceanografía, “incorporar este tipo de análisis sobre resiliencia y posibles cambios irreversibles en los ecosistemas es fundamental para avanzar hacia una gestión marina verdaderamente ecosistémica, especialmente en regiones altamente presionadas donde las decisiones tardías pueden tener consecuencias ecológicas y socioeconómicas duraderas”. Según la información del IEO y las conclusiones del trabajo, el objetivo último consiste en aportar herramientas robustas que permitan intervenir preventivamente, reducir riesgos de colapso en ecosistemas alterados y preservar el capital ecológico a largo plazo.
Este estudio se desarrolló dentro de varios proyectos europeos orientados a la gestión sostenible de los mares y océanos, con el financiamiento y la colaboración de organismos científicos de varios países. La investigación aportó un marco comparativo valioso para otros análisis futuros sobre la resiliencia de ecosistemas marinos en contextos de cambio global, utilizando ejemplos claros de sistemas con respuesta contrastante ante perturbaciones ambientales y presión humana.
Según el IEO, la publicación de estos resultados establece un precedente importante para el monitoreo continuo de los ecosistemas marinos europeos. El análisis y seguimiento de datos ambientales de largo plazo ofrecen información fundamental para identificar señales tempranas de deterioro o transformación irreversible, permitiendo responder de forma más eficaz y oportuna ante desafíos derivados del cambio climático, la explotación pesquera y la contaminación en los océanos.
Últimas Noticias
La Eurocámara pide que los sistemas de IA remuneren el uso de obras protegidas por derechos de autor

En Croacia empiezan a cumplir servicio militar los primeros reclutas desde 2008
Sánchez defiende ante el jefe de la UNRWA que la situación en Gaza no puede "caer en el olvido" por Irán

Zelenski sanciona a decenas de jueces rusos por "condenar ilegalmente" a prisioneros de guerra ucranianos
