La autora Luisa Reyes rescata en la ficción al Usumacinta, “el último río vivo de México”

En su nueva obra, Luisa Reyes explora las amenazas y luchas legales en torno al Usumacinta a través de Marcia Corona, una abogada ficticia inspirada en quienes arriesgan su vida por proteger ecosistemas en el sureste mexicano

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Marcia Corona, una abogada ficticia que surge como el motor narrativo de la nueva novela de Luisa Reyes, enfrenta no solo la complejidad jurídica de oponerse al megaproyecto de una presa en el Usumacinta, sino que además se topa con el escepticismo y el machismo predominante dentro de los tribunales mexicanos. A través de este personaje, la autora aborda las amenazas y desafíos que vive la defensa de los ecosistemas en el sureste de México. Según informó EFE, la historia se desarrolla en el contexto de la lucha por salvar al Usumacinta, considerado el último río vivo de México, y refleja los riesgos reales que asumen quienes se involucran en movimientos ambientales.

La novela 'Mal de río' plantea una pregunta inusual: “¿Un río puede secuestrar a una persona para salvarse a sí mismo?” Esta interrogante nace de la percepción de Reyes acerca de la dificultad legal que existe en México para proteger un río como sujeto de derechos. Según detalla la autora en declaraciones a EFE, en el marco del derecho mexicano no es posible defender jurídicamente a un río en sí mismo. En cambio, la protección legal sólo puede ejercerse en beneficio de comunidades o de especies endémicas que dependen del cuerpo acuático, restringiendo la posibilidad de garantizarle el derecho a existir a un ecosistema fluvial como el Usumacinta.

Al indagar en la historia y el entorno del río, que recorre Chiapas, Tabasco y Campeche, y constituye parte de la frontera entre México y Guatemala, Reyes reconoció la necesidad de que la literatura imagine futuros distintos no sólo para el ambiente, sino para el modo de vida prevalente. De acuerdo con lo publicado por EFE, la autora concluyó que la literatura debe imaginar no sólo el fin del mundo, sino también el final de las estructuras económicas actuales.

Marcia Corona emerge como consecuencia de ese pensamiento, interpretando el papel de una letrada que logra la victoria en un litigio clave contra la construcción de una presa en el Usumacinta. No obstante, según reportó EFE, esa victoria se desvanece parcialmente debido a la descalificación y el desplazamiento que padece al interior de un mundo legal dominado por el machismo, hasta quedar apartada del proceso. Durante su trayecto, Marcia desafía abiertamente la fuerza natural del Usumacinta, un río que, según la escritora, ha permanecido indomable y libre de obras hidroeléctricas importantes gracias a la protección de la Selva Maya y la resistencia de las comunidades.

El medio EFE precisa que los intentos para edificar una presa hidroeléctrica de gran magnitud en Boca del Cerro, municipio de Tenosique, Tabasco, comenzaron desde mediados del siglo XX, tanto por parte de autoridades mexicanas como de intereses empresariales. Sin embargo, la combinación de la oposición social y ambiental y las difíciles condiciones geográficas ha impedido la realización de tales proyectos.

La narración de Reyes utiliza un lenguaje experimental en el que el río adquiere voz, manifestando sus pensamientos en forma de poesía y sueños, más allá de las formas convencionales de narrar —sujeto, verbo y predicado—, explicó la autora a EFE. Corona, impregnada por esta experiencia sensorial, se debate entre su deseo de seguir una revancha personal y la urgencia de proteger las aguas del Usumacinta.

El retrato que ofrece Reyes en su ficción encuentra ecos en la situación real de defensores ambientales en México. La autora mencionó la figura de Príamo Zepeda como representación simbólica de las personas que, desde tiempos ancestrales, han preservado el río a costa de sus propias vidas. De acuerdo con los datos proporcionados por EFE, entre 2018 y 2024, durante la administración de Andrés Manuel López Obrador, se documentaron 102 asesinatos de activistas ambientales en el país.

“En México, al defender la vida puedes perderla o terminar desplazado por las propias consecuencias medioambientales”, sostuvo Reyes al medio EFE. En el diseño de su novela, la escritora encontró inspiración práctica en el trabajo del activista Pedro Cervantes, quien le brindó acceso a un archivo de sentencias, demandas, notas periodísticas y comunicaciones oficiales recopiladas, documentos que constituyeron la base factual de la obra.

Luisa Reyes, además de novelista, se desempeña como abogada, lo que le permitió incorporar en el texto elementos de lenguaje jurídico y así tender un puente entre la poética narrativa y la discusión legal. Según expresó a EFE, su motivación es acercar la conversación sobre la defensa del agua y el ambiente a una audiencia más amplia, proponiendo que la importancia del agua de un río es equiparable a la sangre que circula en el cuerpo humano. A través de la ficción y los recursos literarios y legales, Reyes no solo expone la vulnerabilidad del Usumacinta ante las amenazas de megaproyectos, sino que visibiliza el precio humano y social que implica la defensa de los bienes naturales.