
El ataque ocurrido el martes en las aldeas de Woro y Nuku, situadas en la localidad de Kaima, en el estado nigeriano de Kwara, dejó un saldo de más de cien personas fallecidas y varios casos de secuestro de mujeres y niños, según publicó la ONU. Estos hechos violentos han sido atribuidos por las autoridades al grupo fundamentalista Boko Haram, en un contexto en el que la inseguridad se ha expandido desde el noreste hacia otras regiones del norte y el este de Nigeria.
En respuesta al atentado, António Guterres, secretario general de Naciones Unidas, expresó, por medio de su portavoz Stéphane Dujarric, sus condolencias a los familiares de las víctimas, así como al pueblo y al Gobierno de Nigeria. "El secretario general reitera la solidaridad de Naciones Unidas con el Gobierno y el pueblo de Nigeria en sus esfuerzos por combatir el terrorismo y el extremismo y destaca la importancia de llevar a los autores ante la justicia", consignó Dujarric en un comunicado, según reportó la ONU.
El medio detalló que la cifra de muertos supera el centenar, resultado directo de la acción violenta que tuvo lugar mientras las Fuerzas Armadas de Nigeria incrementan las operaciones militares contra posiciones controladas por Boko Haram. La región noreste del país ha sido escenario de altos niveles de violencia y desestabilización en los últimos años debido a la actividad de este grupo armado, aunque la inseguridad ha ido ampliando su alcance hacia áreas del norte y este del territorio nigeriano.
Naciones Unidas calificó el atentado como un "ataque terrorista" y remarcó la gravedad de la situación humanitaria resultante, que afecta tanto a quienes perdieron la vida como a las personas heridas y a las familias de las víctimas. Además, el organismo internacional insistió en la importancia de asegurar justicia para los responsables del asalto, como reiteró la declaración oficial de Guterres difundida por su portavoz y recogida por la ONU en su reporte.
Al margen de las víctimas mortales, las autoridades nigerianas informaron del secuestro de un número no determinado de mujeres y niños durante el mismo ataque, lo que incrementa la preocupación por la situación de derechos humanos en la zona y por el destino de las personas desaparecidas. Según la ONU, estos hechos agravan las condiciones de inseguridad que ya afectan a grandes sectores de la población en Nigeria, señalando el impacto que la violencia y el terrorismo están teniendo en comunidades rurales.
El incidente se produce dentro de una tendencia de fortalecimiento de la respuesta militar por parte de Nigeria al grupo Boko Haram, mientras que las operaciones militares buscan frenar la expansión de la amenaza fundamentalista y garantizar la seguridad en regiones previamente menos afectadas por el conflicto. Ante esta situación, Naciones Unidas ha manifestado de forma continua su apoyo institucional a la lucha contra el terrorismo en Nigeria, subrayando el compromiso internacional con la restauración del orden y la protección de la población civil, según detalló el comunicado citado por la ONU.
En este contexto, la organización internacional reiteró su disposición a colaborar con las autoridades nigerianas para mejorar el acceso a la justicia, asistir a los familiares de las víctimas y promover el retorno a una situación de seguridad en las áreas afectadas por el ataque, reportó la ONU.
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