El silencio de China ante la Junta de Paz para Gaza presagia un "no", según expertos

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Lorena Cantó

Pekín, 30 ene (EFE).- China acusó recibo de la invitación a unirse a la Junta de Paz creada este mes por iniciativa del presidente estadounidense, Donald Trump, pero guarda desde entonces un silencio que anticipa un muy posible "no" a integrarse en un órgano que buena parte de la comunidad internacional cree que debilita a la ONU.

"¿Qué ganaría sumándose?", cuestiona el exdirector del Observatorio de la Política China Xulio Ríos, quien considera la propuesta "política y conceptualmente difícilmente digerible para China".

Ríos cree que, de entrada, supondría avalar de facto la estrategia de Trump en el conflicto palestino y para la región, en la que "no hay conciliación posible con el enfoque chino".

Pekín ha reiterado hasta el infinito su apoyo a una solución política basada en el alto el fuego, el diálogo y la creación de un Estado palestino independiente que conviva en paz con Israel, en línea con las resoluciones pertinentes de Naciones Unidas, en tanto la Junta de Paz busca supervisar la aplicación del plan de 20 puntos de Trump con el objetivo declarado de poner fin a la guerra entre Israel y Hamás.

Y es que una de las claves de la posible negativa de China a respaldar el plan de Trump es precisamente la afrenta al papel de la ONU que a juicio de muchos países supone la Junta de Paz.

"China respalda la autoridad y papel central de Naciones Unidas. Cualquier alternativa (a ese organismo) puede crear más problemas que soluciones en la política internacional", opina en declaraciones a EFE el profesor Hung Wing Lok de la Universidad China de Hong Kong.

Una preocupación que a juicio del experto también comparten los gobiernos que han dado la espalda a la idea, entre ellos casi todos los de la Unión Europea o el Reino Unido y otras grandes potencias.

Ríos, por su parte, coincide en que "la insinuación de suplantación de la ONU no es menos problemática cuando China se erige en defensora de un orden internacional reformado pero que mantiene la centralidad" de ese órgano.

"Una cosa es el multilateralismo, que China defiende, y otra los 'clubes selectivos', que critica. Esto apunta más a lo segundo que a lo primero. Ni Europa ni países importantes del Sur Global han aplaudido la propuesta de un Trump internacionalmente muy cuestionado por sus bravuconadas constantes", sostiene el experto.

Más allá, la reticencia de China también pasa por Taiwán y por el temor de que estos cambios en la configuración del tablero multilateral puedan afectar al statu quo sobre la isla autogobernada cuya soberanía reclama Pekín, por lo que es improbable que el país asiático abrace "cualquier gran cambio que pueda socavar la legitimidad de la ONU", apunta Hung.

La Junta de Paz divulgó esta semana los nombres de los 26 miembros fundadores, con mayoría de países de la región de Oriente Medio y Asia occidental, seguidos por los de Asia Central y el sudeste asiático, y por los europeos Albania, Bielorrusia, Bulgaria, Hungría y Kosovo; los latinoamericanos El Salvador y Paraguay; y los norteafricanos Egipto y Marruecos.

Un listado en el que no está Rusia, el mayor aliado actual de China, a pesar de que el presidente estadounidense había asegurado que Moscú le había dado el "sí".

El líder ruso, Vladímir Putin, se lo estaría pensando aún, lo que incluye discutir el asunto con sus aliados, algo que también puede explicar la tardanza de China en replicar a la invitación.

Al margen de los socios, están también las implicaciones de imagen. Para Ríos, "sumarse a esto es darle coba (a Trump), un símbolo de que, al final, consigue que todos entren por el aro".

Otra cuestión que puede estar retrasando la respuesta de China es la necesidad de sopesar hasta qué punto un desplante a la Junta de Paz pondría en jaque la visita que Trump ha dicho que hará este año al país asiático en torno a abril.

Hung no cree que una eventual negativa arriesgue el viaje porque "aún hay muchos asuntos importantes para discutir en una potencial reunión" entre el mandatario estadounidense y su homólogo chino, Xi Jinping.

De hecho, Ríos apunta a que podría no haber "un pronunciamiento claro antes de la visita de abril", lo que permitiría a Pekín ganar tiempo para "consensuar con sus socios", tanto individuales como en el seno de alianzas como los BRICS, y con otros organismos.

Entre ellos puede estar la Organización para la Cooperación Islámica (OCI), integrada por 57 países y cuyo presidente, Husein Ibrahim Taha, estuvo esta semana en Pekín, donde se reunió con el ministro chino de Exteriores, Wang Yi, y con el vicepresidente Han Zheng para abordar la situación en Palestina. EFE