
La recomendación médica para evitar el viaje internacional del rey emérito Juan Carlos I resultó decisiva para su ausencia en el funeral de la princesa Irene de Grecia, quien falleció el jueves a los 83 años. La Familia Real española, encabezada por los reyes Felipe VI y Letizia y acompañada por sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía, participó en la ceremonia celebrada el lunes en la Catedral Metropolitana de Atenas, según consignó el medio de comunicación original.
El sepelio reunió a los principales miembros de la Casa Real en Grecia en una atmósfera marcada por el luto y la cercanía familiar. De acuerdo con la información proporcionada, la reina Sofía estuvo acompañada en todo momento por sus hijas, la infanta Elena y la infanta Cristina, así como por los nietos de la fallecida princesa, en un momento de recogimiento y despedida. El rey emérito, actualmente residente en Abu Dhabi desde agosto de 2020, no pudo desplazarse a la capital griega siguiendo las indicaciones de sus médicos, tal como reportó el medio.
La despedida oficial de la princesa Irene incluyó honores y simbolismos propios de la realeza griega. El féretro fue cubierto por la bandera nacional y una corona compuesta por flores silvestres autóctonas, como camomila, margaritas y cardos, acompañada de otras especies presentes en las zonas costeras del mar Egeo. Entre los elementos dispuestos junto al ataúd figuraban un libreto del servicio religioso en inglés y las condecoraciones más relevantes que la princesa había recibido a lo largo de su vida, entre ellas la Orden de la Familia Real de las Santas Olga y Sofía, la Orden del Elefante y la Orden del Redentor, según detalló la fuente noticiosa.
Los actos conmemorativos en honor a la princesa Irene iniciaron el fin de semana previo al funeral, según refirió el medio. El sábado anterior, familiares y allegados participaron en un responso celebrado en Madrid, en la Catedral Ortodoxa Griega de San Andrés y Demetrio, antes de que los Reyes y sus hijas viajaran a Atenas para la ceremonia principal. La liturgia ortodoxa, dirigida por el clero griego, estuvo enmarcada por la presencia de representantes de la nobleza y familiares de la difunta.
Antes del inicio del acto religioso, los Reyes manifestaron brevemente su inquietud por el accidente ferroviario ocurrido en Adamuz, Córdoba, donde al menos 39 personas perdieron la vida. Dirigiéndose a los periodistas, Felipe VI y doña Letizia expresaron su “preocupación” y “consternación”, y confirmaron que continuaban recibiendo información sobre el avance de las labores de rescate. El monarca también anunció su intención de regresar a España lo más pronto posible y de planificar una visita a la zona afectada, según publicó el medio original.
Durante la ceremonia, todos los miembros de la Familia Real presentes acudieron vestidos con atuendos de luto riguroso, permaneciendo sentados en el lateral izquierdo de la iglesia, en estrecha proximidad al féretro. El protocolo de la Casa Real y la significación de los símbolos empleados resaltaron la estrecha vinculación de la reina Sofía con su hermana, con quien compartió residencia durante décadas en el Palacio de la Zarzuela, según publicó el medio.
La ausencia de Juan Carlos I adquirió especial relevancia ante el fuerte vínculo familiar que durante años mantuvo con la fallecida. La decisión de permanecer en Abu Dhabi fue recomendada con base en cuestiones de salud, dado lo exiguo del tiempo disponible para el desplazamiento internacional.
La presencia de numerosos miembros de la familia, incluidos hijos y nietos de la reina Sofía, subrayó la unidad de la Casa Real en un momento de duelo. Las distintas etapas del adiós a la princesa Irene, combinando actos religiosos en Madrid y en Atenas, reflejaron su extensa vida compartida entre España y Grecia, ofrecida a la vida pública y la asistencia familiar.
La despedida de la princesa Irene en Grecia estuvo marcada tanto por los rituales propios de la realeza ortodoxa como por el acompañamiento cercano de sus familiares más cercanos, mientras las autoridades españolas mantuvieron su atención sobre la tragedia ocurrida en la provincia de Córdoba, según la cobertura publicada. La solemnidad del acto y la ausencia del rey emérito dieron un tono particular a la ceremonia, en la que la reina Sofía recibió el apoyo explícito de sus hijas y nietos.