Los fabricantes taiwaneses de chips invertirán 215.000 millones en EEUU, que bajará sus aranceles a la isla

Las autoridades estadounidenses y de Taiwán sellaron un acuerdo histórico que impulsa la fabricación avanzada en territorio norteamericano a cambio de menores barreras comerciales, abriendo el camino a cooperación tecnológica, inversiones clave y acceso ampliado a mercados críticos

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El Departamento de Comercio de Estados Unidos destacó que el nuevo acuerdo con Taiwán permitirá a las empresas taiwanesas importar hasta 2,5 veces la capacidad planificada de semiconductores sin aplicar los aranceles previstos en la Sección 232, durante el periodo de construcción de sus nuevas instalaciones en territorio estadounidense. Además, consigna el mismo organismo, una vez culminados los proyectos de expansión en fábrica de chips, se autorizarán importaciones equivalentes a 1,5 veces la capacidad productiva sin los referidos gravámenes. Estas disposiciones forman parte de los incentivos incluidos en la "alianza económica estratégica" formalizada entre los gobiernos estadounidense y taiwanés, cuyo objetivo principal es fortalecer la industria nacional de semiconductores y asegurar el liderazgo tecnológico e industrial de Estados Unidos, según informó el medio.

El acuerdo, según publicó el Departamento de Comercio de EEUU, contempla que compañías de Taiwán del sector de semiconductores y tecnología realizarán inversiones directas en Estados Unidos superiores a 250.000 millones de dólares, equivalentes a 215.020 millones de euros. Estas aportaciones buscarán impulsar tanto la construcción como la ampliación de la capacidad de producción e innovación en semiconductores avanzados, inteligencia artificial y energía en suelo estadounidense. La colaboración bilateral estipula además que Taiwán aportará garantías de crédito por al menos el mismo monto de 250.000 millones de dólares, apoyando así la inversión en centros de manufactura estadounidense de tecnología avanzada.

Tal como detalló el mismo Departamento, otro punto relevante del acuerdo consiste en el establecimiento de parques industriales en territorio estadounidense. Estos centros buscan robustecer la infraestructura industrial doméstica y consolidar la posición del país como nodo global de innovación, fabricación avanzada y desarrollo tecnológico de última generación. Asimismo, el nuevo marco facilitará la inversión estadounidense en sectores estratégicos de Taiwán, incluido el de semiconductores, inteligencia artificial, biotecnología, defensa y telecomunicaciones. El objetivo es ampliar el acceso de empresas estadounidenses al mercado de la isla, promover la colaboración tecnológica y fortalecer el posicionamiento internacional de Estados Unidos en áreas consideradas críticas y emergentes por ambas administraciones.

Según consignó el Departamento de Comercio, la alianza también establece un nuevo esquema tarifario. El arancel recíproco aplicado por ambas partes a productos taiwaneses y estadounidenses no superará el 15%, en contraste con el 20% que estaba vigente hasta ahora. Esta reducción persigue mejorar la previsibilidad y el equilibrio en el comercio bilateral. Además, los aranceles en Estados Unidos a componentes de automóviles, madera y productos derivados de la madera importados desde Taiwán quedarán limitados al 15%. Respecto a los bienes farmacéuticos genéricos, ingredientes para medicamentos de patente vencida, componentes para aeronaves y recursos naturales ausentes localmente, la tarifa arancelaria norteamericana será del 0%, de acuerdo con el marco negociado.

La participación de Estados Unidos en la fabricación global de obleas para semiconductores se redujo de un 37% en 1990 a menos del 10% este año, eso lleva a que la producción principal de estos insumos electrónicos se halle concentrada en el este asiático, señalan datos del propio Departamento de Comercio reproducidos por el medio. Esa pérdida de capacidad manufacturera generó una dependencia estratégica hacia el exterior, con implicancias relevantes en los ámbitos industrial, tecnológico y militar estadounidenses, analiza la institución. El acuerdo alcanzado busca revertir este panorama, reduciendo los riesgos asociados a cadenas de suministro vulnerables y promoviendo la relocalización de capacidades productivas.

La norma de la Sección 232, que permite a la presidencia estadounidense investigar y eventualmente gravar las importaciones con fines de seguridad nacional, se aplicará bajo criterios preferenciales, explicó el Departamento de Comercio de EEUU. Las compañías taiwanesas de semiconductores que expandan capacidad en Estados Unidos podrán beneficiarse de cuotas de importación elevadas sin aranceles y, en caso de superarlas, acceder a tasas especiales de importación por encima del cupo. El acuerdo contempla que las empresas taiwanesas con proyectos de nueva capacidad en Estados Unidos accedan a beneficios arancelarios en un contexto donde la competencia global por estos insumos se ha intensificado.

La alianza bilateral plasmará su enfoque también en el establecimiento de condiciones simétricas para las inversiones. Según se especifica, Taiwán brindará facilidades a las compañías estadounidenses interesadas en participar en sectores clave de su economía, promoviendo así la colaboración cruzada y la apertura de mercados. El Departamento de Comercio de EEUU insiste en que esta arquitectura ofrece un marco estable, orientado a consolidar el comercio de productos de alto valor añadido, la transferencia de tecnología y la seguridad de suministro.

En relación con los efectos para la industria local, la autoridad encabezada por Howard Lutnick remarcó que la medida representa un esfuerzo para reposicionar a Estados Unidos como eje manufacturero y de innovación tecnológica, tras décadas de externalización que incidieron en la pérdida de protagonismo industrial y expusieron debilidades en la cadena global de semiconductores y productos avanzados. La inversión directa de empresas taiwanesas y el incentivo a la instalación de parques industriales especializados están dirigidos a robustecer la infraestructura y la capacidad interna.

Según reportó el Departamento de Comercio de EEUU, el acuerdo busca, en última instancia, dotar al país de flexibilidad y autonomía técnica frente a eventuales disrupciones en el flujo internacional de insumos tecnológicos, un tema que adquirió relevancia tras episodios recientes de interrupciones en las cadenas de suministro globales vinculadas a la crisis sanitaria y la geopolítica. El rol de Taiwán como uno de los referentes mundiales en la producción de chips avanzados es un factor ponderado por las autoridades para avanzar en estas iniciativas de colaboración y reducción arancelaria.

De acuerdo con la información difundida oficialmente, el nuevo esquema arancelario establece no solo límites máximos de gravámenes, sino también mecanismos para fomentar la transferencia tecnológica y los intercambios en sectores de vanguardia. Las condiciones preferenciales para la importación de productos críticos, así como las garantías de crédito y los incentivos a la inversión, forman parte integral de este marco, aprobado tras un proceso de negociación entre ambas administraciones.

El acuerdo, descrito en diferentes comunicados institucionales reproducidos por el medio, aspira a transformar la arquitectura industrial y comercial en áreas consideradas esenciales para la competitividad y la seguridad de Estados Unidos, con incidencia tanto en la economía doméstica como en el equilibrio estratégico internacional.