
Estados Unidos ha asegurado este viernes que "trabaja día y noche" para mediar entre las autoridades instauradas en Siria tras la caída del régimen de Bashar al Assad en 2024 y las autoridades semiautónomas kurdas y rebajar las tensiones, tras los combates de los últimos días en la ciudad de Alepo y sus alrededores.
"Estados Unidos sigue en contacto estrecho con todas las partes en Siria, trabajando día y noche para bajar la temperatura, evitar un recrudecimiento y volver a las conversaciones de integración entre el Gobierno sirio y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS)", ha dicho el enviado de Estados Unidos para Siria, Thomas Barrack, quien es además embajador en Turquía.
Los últimos combates estallaron la semana pasada en Alepo, cuando las fuerzas sirias lanzaron una operación a gran escala contra los barrios de Sheij Maqsud y Ashrafiyé, de mayoría kurda y controlados por las autoridades kurdas y comités locales desde hace cerca de 15 años, al hilo de la guerra civil desatada en 2011.
El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, con sede en Reino Unido, ha cifrado en más de 80 los muertos en los combates, incluidos cerca de 45 civiles, tras lo que las tropas sirias han exigido la retirada de las fuerzas kurdas de otras zonas al este de Alepo después de que acordaran abandonar los citados barrios de la ciudad.
En este sentido, las FDS han denunciado en las últimas horas que "las facciones afiliadas a Damasco" han lanzado ataques "indiscriminados" con artillería contra la ciudad de Deir Hafer, en lo que ha descrito como "un renovado intento de presionar a los residentes para que se desplacen a la fuerza de sus hogares".
Las FDS han asegurado en un comunicado en redes sociales que las fuerzas de Damasco han usado además drones en el marco de estos ataques, al tiempo que han afirmado que "siguen supervisando la situación sobre el terreno y llevando a cabo sus labores, incluidas todas las medidas necesarias para mantener la seguridad de la ciudad y sus residentes".
En esta línea, han negado "categóricamente" las acusaciones de Damasco sobre que estén evitando la evacuación de civiles de Deir Hafer y han argumentado que "las afectaciones al movimiento de civiles en la zona es resultado de los ataques militares, los refuerzos de tropas y los bombardeos por parte de las facciones de Damasco".
"Cualquier desplazamiento forzoso de civiles bajo la amenaza de la fuerza por parte de Damasco constituye un crimen de guerra bajo la Cuarta Convención de Ginebra y el Estatuto de Roma, que prohíben atacar a civiles y aterrorizarlos y criminalizan cualquier acto destinado a provocar su desplazamiento forzoso", han dicho.
Por ello, han reclamado a la comunidad internacional, incluida Naciones Unidas, que "condenen estas tácticas peligrosas, que podrían provocar el desplazamiento de más de 170.000 civiles, especialmente ante las duras condiciones invernales", sin que Siria se haya pronunciado sobre estas acusaciones por parte de las FDS.
Los combates de la semana pasada estallaron después de que Damasco y las FDS no lograran avances en sus conversaciones para intentar alcanzar un acuerdo definitivo sobre la integración de las fuerzas kurdas y el papel de las autoridades semiautónomas kurdas en el futuro del país tras la caída en diciembre de 2024 del régimen de Al Assad.
El jefe de las FDS, Mazloum Abdi, y el ahora presidente de transición, Ahmed al Shara, firmaron en marzo de 2025 un acuerdo que tenía como objetivo la reintegración de todas las instituciones civiles y militares en las zonas autónomas kurdas --incluidas las FDS-- bajo control del Estado central, así como aplicar un alto el fuego a nivel nacional, si bien han surgido disputas sobre el proceso de integración que han impedido su materialización.