
La reacción internacional ha estado marcada por la preocupación ante el contexto en el que se llevarán a cabo las próximas fases electorales en Birmania, mientras la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha puesto el foco en el aumento de la violencia y la represión política tras el golpe militar de 2021. Estas circunstancias se hacen especialmente relevantes cuando la Comisión Electoral de la Unión, conformada por miembros designados por la junta castrense que ostenta el poder desde febrero de ese año, ha confirmado la celebración de una tercera vuelta de los comicios el 25 de enero.
Según reportó la Comisión Electoral birmana y destacó el Ministerio de Información de la junta en un comunicado recogido por medios internacionales, el proceso electoral se desarrollará en varias fases. La fecha fijada inicialmente para este ciclo electoral era el 28 de diciembre, pero ahora se ha estructurado en tres etapas: la primera contempló la participación de votantes en 102 municipios, la siguiente se celebrará el 11 de enero en otros 100 municipios y, finalmente, la tercera fase, anunciada este jueves, reunirá a los ciudadanos de 63 municipios restantes el 25 de enero. Tal como publicó la fuente original, la comisión mantiene que este sistema permitirá definir la composición del Parlamento y las autoridades locales por medios electorales.
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Sin embargo, organizaciones internacionales y sectores opositores han puesto en tela de juicio la legitimidad y las circunstancias de la convocatoria electoral. El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Turk, responsabilizó a la junta militar de implementar métodos "brutales" para forzar la participación en los comicios. De acuerdo con el medio de referencia, Turk sostuvo que “estas elecciones van a tener lugar, claramente, en una atmósfera de violencia y represión. No existen condiciones apropiadas para el ejercicio de los derechos de libertad de expresión, asociación o asamblea pacífica”, en referencia a la escalada de detenciones y a las recientes modificaciones legislativas que penalizan la oposición a la celebración de las elecciones.
Desde la perspectiva del organismo electoral, las elecciones buscan proyectar una imagen de continuidad democrática en el país, resaltando que los ciudadanos tendrán la oportunidad de seleccionar a sus representantes nacionales y de gobierno local. No obstante, sectores opositores han criticado duramente la decisión de celebrar elecciones en un momento en que los enfrentamientos armados y las protestas continúan. La situación se ve agravada por el persistente conflicto interno generado tras el golpe de Estado de febrero de 2021, evento mediante el cual el Ejército anuló los resultados de las elecciones generales de noviembre de 2020. En ese proceso, la Liga Nacional para la Democracia (LND), liderada por Aung San Suu Kyi, obtuvo una victoria clara, resultado que fue desconocido por las fuerzas armadas.
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El medio detalló que la ley electoral actual contempla castigos para quienes se manifiesten en contra de la realización de los comicios o intenten obstaculizarlos, lo que ha dado pie a un incremento de las detenciones de ciudadanos y líderes opositores. El contexto previo a los días de votación se encuentra además condicionado por un estado de inseguridad en numerosas regiones del país, debido a los enfrentamientos entre las fuerzas de la junta y los grupos de resistencia, así como por restricciones que limitan la libertad de asociación y reunión.
En suma, la convocatoria a las tres fases de votación en Birmania se produce bajo el control de la administración militar, en medio de un escenario caracterizado por denuncias de represión, violencia sistemática y un clima político marcado por el enfrentamiento directo entre el régimen y la sociedad civil, según consignaron Naciones Unidas y medios informativos.
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