Beirut, 13 feb (EFE).- Un mes después de asumir el cargo de primer ministro del Líbano, Nawaf Salam, se encuentra con el desafío de mantener la estabilidad en un país con la mirada puesta en el alto el fuego entre el grupo chií Hizbulá e Israel, cuyas tropas deben abandonar territorio libanés el próximo martes como fecha límite.
Esta frágil tregua, que es una prórroga del acuerdo inicial de 60 días que se aprobó a finales de noviembre y expiró el 26 de enero, es uno de los aspectos clave sobre los que el nuevo gobierno libanés centra su atención, en medio de un panorama de reconstrucción y desmilitarización después de meses de enfrentamientos que dejaron más de 4.000 muertos.
Abordar esta situación es uno de los principales objetivos de Salam que, tras más de dos años de vacío gubernamental, logró formar un gabinete compuesto por 24 ministerios, representando a las principales facciones políticas del país, con la intención de superar los bloqueos que habían paralizado la acción del gobierno.
Este logro representa un paso importante, ya que la política libanesa había estado marcada por la falta de acuerdos entre partidos, lo que llevó a un gobierno interino que, hasta ahora, se había visto incapaz de implementar reformas estructurales.
El nuevo Ejecutivo, aunque lleno de desafíos, fue recibido con moderada esperanza, especialmente en un contexto en el que Salam se ha comprometido a abordar tanto las reformas políticas y económicas como la reconstrucción del país, gravemente afectado por la guerra con Israel.
En sus primeras declaraciones como primer ministro, subrayó la necesidad de avanzar en la restauración de la confianza pública, esencial para enfrentar la crisis financiera que azota al país desde 2019.
Una de las prioridades más inmediatas del gobierno es garantizar la seguridad y estabilidad en el sur del Líbano, devastado por los enfrentamientos, y asegurar el cumplimiento de la Resolución 1701 de la ONU, que establece la desmilitarización de esa zona y la extensión de la autoridad estatal sobre todo el territorio libanés.
Salam manifestó en numerosas ocasiones su firme intención de trabajar en la recuperación del sur, donde el Ejército libanés se sigue desplegando en cada una de las zonas de donde las tropas israelíes se han retirado.
A pesar de las complejidades del panorama político, el primer mes de Salam ha sido relevante para colocar los cimientos de un gobierno que busca retomar las riendas del país, estabilizar la situación política y avanzar en la reconstrucción y la reforma.
La comunidad internacional sigue con atención el desarrollo de los acuerdos de alto el fuego y las reformas anunciadas por Salam, conscientes de que el futuro del Líbano depende de la capacidad de su nuevo gobierno para superar los obstáculos internos y externos. EFE
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