Marcel Gascón
Kiev, 30 ene (EFE).- La guerra en Ucrania sigue prolongándose desde que comenzó 2025 con la misma dinámica que el conflicto siguió en 2024: con Rusia ganando poco a poco terreno en el este a un alto precio en bajas y pérdidas materiales, y Ucrania tratando de debilitar la maquinaria de guerra rusa con ataques a larga distancia contra el complejo industrial y militar del enemigo.
Diez días después de la llegada a la Casa Blanca del presidente de EE.UU., Donald Trump, la hipotética apertura de negociaciones de paz que ha prometido conseguir el republicano protagoniza casi por completo el debate público global sobre la guerra.
La apuesta decidida de Trump por buscar una salida rápida al conflicto ha empujado a los aliados europeos de Kiev a empezar a trabajar en el posible despliegue de un contingente militar propio en Ucrania para disuadir a Rusia de volver a atacar, una vez se firme un acuerdo de paz.
Pero el cambio no se ha traducido por el momento en una alteración del curso de la guerra.
En lo que va del mes de enero, Ucrania ha atacado al menos veinte objetivos situados dentro de la Federación Rusa, según escribió el miércoles en su canal de Telegram el jefe del Centro contra la Desinformación del Consejo para la Seguridad Nacional y la Defensa de Ucrania, Andrí Kovalenko.
Entre los objetivos predilectos de los drones ucranianos están los aeródromos, las refinerías y los depósitos de combustible para la aviación y la infantería mecanizada del Ejército ruso.
Uno de los ataques ucranianos más exitosos tuvo lugar este mismo miércoles, cuando drones ucranianos alcanzaron la refinería de la ciudad de Kstovo, en la región de Tver del noroeste de Rusia.
Según Kovalenko, la refinería es la cuarta más grande de Rusia y produce gasolina, gasóleo, gas para aviones y alquitrán y es “importante para el Ejército de la Federación Rusa”. Según esta fuente, en Kstovo se refinan cada año entre 15 y 17 millones de toneladas de petróleo.
Otra de las refinerías que han sido objetivo de los ataques ucranianos está situada en la localidad de Novoshajtinsk de la región de Rostov, en el sur de Rusia. Según Kovalenko, la refinería ha suspendido sus operaciones debido a los impactos.
Pese a tener capacidad de procesar 7,5 millones de toneladas de petróleo, la refinería sólo pudo transformar en combustible unos tres millones de toneladas, según estimaciones ofrecidas por el dirigente ucraniano.
Kovalenko se ha convertido en una especie de portavoz ucraniano a la hora de informar de este tipo de ataques. Ucrania evitaba en un principio confirmar de manera oficial estas operaciones, pero ahora son reivindicadas incluso en los partes del Estado Mayor.
Ante la situación desfavorable en el frente, los ucranianos necesitan buenas noticias para mantener la esperanza y no caer en el desánimo, y los golpes en la retaguardia enemiga son en esta fase de la guerra el mayor éxito del que puede presumir Kiev.
Pese a ello, la erosión de las capacidades militares y de suministro en la retaguardia enemiga no están siendo suficientes para frenar el avance ruso en el este.
Cada semana, Moscú reivindica la toma de nuevos pueblos y se acerca a su meta de conquistar los bastiones que Ucrania aún conserva en la región de Donetsk.
El último en el que Rusia ha izado su bandera ha sido Velika Novosilka, una población del sur de Donetsk con una población de preguerra de unos 6.000 habitantes, de la que se han tenido que retirar las fuerzas ucranianas para no ser rodeadas por los rusos.
Los pronósticos más desfavorables a Kiev siguen sin cumplirse y Rusia no ha logrado cerrar ninguna de las pinzas que amenazaban con rodear a varias unidades ucranianas en al menos tres puntos del frente del este. Muchos meses después de que empezara a preverse su caída inminente, las localidades de Toretsk y Chásiv Yar siguen siendo escenario de batallas urbanas entre las fuerzas rusas y las ucranianas.
Pero pese a las 1.500 bajas que, según Kiev, sufre Rusia a diario en el frente, el Ejército ruso sigue mostrándose capaz de reponer efectivos y no afloja en su ofensiva sobre Donetsk.
Mientras los rusos siguen haciendo valer su superioridad numérica para desgastar al enemigo y seguir ganando terreno, los ucranianos se aferran a la esperanza de que sus golpes en la retaguardia y las pérdidas masivas rusas en el frente acaben llevando a un colapso del potencial ofensivo de Rusia.
De fondo se suceden las especulaciones sobre un posible final pactado de la guerra, que Ucrania ya ha aceptado como un mal menor ante la falta de perspectivas de recuperar la iniciativa en el frente. EFE
(audio)
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