Juan José Lahuerta
Leipzig (Alemania), 18 jun (EFE).- Bernd Schuster se presentó en sociedad en 1980 durante la Eurocopa de Italia. Irrumpió en el planeta fútbol como un ciclón. Elegante, con una conducción del balón poderosa, técnico, imperial y con su característica melena rubia al viento, dirigió a Alemania hacia la victoria para después abandonar su selección igual que como llegó: con mucho ruido.
PUBLICIDAD
Si hubo un hombre clave en la consecución del cuarto gran título internacional de Alemania, ese no fue otro que Bernd Schuster. En 1980, el combinado germano ya tenía en sus vitrinas los Mundiales de 1954 y 1974 y la Eurocopa de 1972. Alemania se encontraba en pleno apogeo e iba a cerrar en Italia una década prodigiosa antes de iniciar una sequía de diez años sin títulos.
El centrocampista alemán, en aquellos tiempos en el Colonia, solo tenía veinte años. Su experiencia en la élite era de apenas dos temporadas. Entre los cursos 1978/79 y 1979/80 disputó con el Colonia 56 partidos en la Bundesliga, 10 de Copa y 5 de la Copa de Europa.
PUBLICIDAD
En poco tiempo se convirtió un referente en el centro del campo del Colonia, que con Schuster al mando llegó a disputar unas semifinales de la Copa de Europa y fue subcampeón de la Copa de Alemania.
Jupp Derwall tuvo la difícil tarea de dejar atrás a la generación de oro de Franz Beckenbauer para reconstruir un equipo en el que ya antes de la Eurocopa aparecieron Harald Schumacher, Uli Stielike, Karl-Heinz Rummenigge y el mismo Schuster.
PUBLICIDAD
Alemania, pese a sus éxitos de la década que acaba de terminar, tenía ganas de revancha tras perder la final de 1976 frente Checoslovaquía con el famoso penalti de Antolin Panenka.
Schuster no era muy conocido fuera de sus fronteras y era la imagen de una nueva generación. Y, curiosamente, no jugó el primer partido por decisión técnica. Alemania lo pasó mal, ganó 0-1 de casualidad y después formó parte de la alineación frente a los Países Bajos. No desaprovechó su oportunidad. Dio un recital de fútbol. Apareció por todo el campo, ofreció pases milimétricos y su llegada rompedora asombró al público presente en el estadio de San Paolo.
PUBLICIDAD
"En el primer partido no jugué y me cabree. Luego entré en el equipo y me salió un buen partido. Hasta que salió Matthäus les estábamos dando una paliza tremenda. Ese día empezó mi carrera", relató años después Schuster.
Para el tercer encuentro frente a Grecia, Schuster tenía una amarilla. Los primeros de cada grupo pasaban directamente a la final y Derwall decidió reservar a su nueva estrella para ese hipotético partido. Funcionó, Alemania empató 0-0 y en el choque por el título Schuster dio una exhibición frente a Bélgica que le valió su fichaje por el Barcelona y un Balón de Plata.
PUBLICIDAD
Pero aquel sería su último encuentro con Alemania en una gran competición. Se perdió el Mundial de España 82 por una lesión y un año más tarde rehusó acudir a una convocatoria por el nacimiento de su tercer hijo.
Inició una serie de desencuentros con su selección que nunca se arreglaron. Se perdió las Eurocopas de 1984 y 1988 y los Mundiales de 1986 y 1990.
"Dejar la selección fue una decisión dura y probablemente equivocada. Pero no tuve a nadie que me aconsejara en esos momentos". Schuster no jugó más con Alemania, pero por lo menos dejó para el recuerdo su paso por un torneo en el que fue decisivo y fugaz. En 1980 ganó un título y nació el "Ángel Rubio". EFE
PUBLICIDAD
jjl/jpd
Últimas Noticias
Marcos Llorente: "Quien no sea de De la Fuente o de la selección no es español"

VÍDEO: Marc Cucurella: "He tenido que trabajar muy duro y tener el premio del Real Madrid es muy bonito"

Seleccionador de Bosnia y Herzegovina dice que "no está todo perdido" tras caer ante Suiza
Crónica del Suiza - Bosnia y Herzegovina: 4-1
