Juan Carlos Espinosa
La Habana, 16 feb (EFE).- “Señorita, ¿qué partido debo poner?”, pregunta un anciano a una funcionaria en el consulado español en La Habana. “El que usted prefiera, señor”, le contesta ella mientras le muestra las distintas papeletas de los partidos que concurren en las elecciones gallegas.
Entre la decenas de personas que se sientan en la salita, esperando ser llamados tras revisar su registro por provincia, está Carmen, de 82 años, quien sale de ahí ayudada por su hija, Licette.
La octogenaria es una de las más de 700 personas que votaron en la isla –el segundo país, después de Argentina, con más votantes en el Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA) para estos comicios con unos 45.600– para renovar el Parlamento gallego.
Su padre, un republicano, llegó al país caribeño desde Ourense “escondido en un barco” tras el triunfo del bando franquista en la guerra civil española.
“Es mi primera vez [votando en unas elecciones autonómicas]”, reconoce a EFE. Nunca conoció a su familia del otro lado del Atlántico ni ha pisado la tierra que le provocaba morriña a su padre, pero tras depositar su papeleta en la urna dice que se sintió cerca de ahí.
Cuba es el segundo país con más descendientes de la comunidad autónoma, en la que este domingo están llamados a votar cerca de 2,7 millones de personas para renovar la cámara regional, en unos comicios en los que el popular Alfonso Rueda parte como favorito, aunque, según las últimas encuestas, podría llegar justo para alcanzar la mayoría absoluta.
Si Argentina es conocida como la quinta provincia, la isla caribeña debería ser la sexta: así como sucede en el país suramericano, la presencia de inmigrantes gallegos fue tal desde finales del siglo XIX, que hoy por hoy a todo español se le denomina coloquialmente “gallego”.
El activismo nacionalista de aquellos emigrados en Cuba fue tal que en La Habana se cantó por primera vez Os Pinos, el himno de Galicia, en 1907.
Décadas antes, en 1871, se fundó la Sociedad Benéfica de Naturales de Galicia, el germen de lo que hoy es la Federación de Sociedades Gallegas de Cuba, un ente que agrupó a todas las asociaciones de la emigración tras la primera visita de Manuel Fraga, a inicios de los noventa del siglo pasado.
Así lo presume a EFE el presidente de la Federación, Sergio Toledo, nieto de cuatro lucenses, desde su despacho en el centro gallego de la capital insular, enclavado en el Gran Teatro de La Habana.
“Esto es como una embajada, es el cerebro y el corazón de los gallegos en Cuba”, subraya. Y agrega: “Galicia es un ingrediente de nuestra idiosincrasia”.
Desde su oficina se puede ver un puñado de ancianos en una sala con escudos de la comunidad autónoma, un acabado de madera con forma de gaiteiro, banderas e imágenes de Manuel Fraga, Alberto Núñez Feijóo y Alfonso Rueda.
Toledo, de 64 años, reconoce que su labor al frente de la federación ha sido también pedagógica: sobre todo para tratar de marcar la diferencia cultural entre el gallego y el resto de España en un lugar donde ambos se entremezclan.
Para ello hace uso de mano izquierda y trata de involucrar, por ejemplo, a las bisnietas de la emigración en actividades como los grupos de muñeiras.
Cuando pisó la tierra de su familia por primera vez, en 2002, se sintió como en casa. Quizás por eso alterna entre su personalidad como presidente de la federación en Cuba para luego ser saludado por desconocidos en Santiago de Compostela, quienes lo llaman con cariño “o cubano”.
Toledo se ha encargado de que en estas elecciones los problemas de transporte que sufre Cuba no le pasen factura a las personas con derecho al voto, muchas con problemas de movilidad y ha fletado coches para poder llevarlos desde la sociedad hasta la sede del consulado.
“Fácil no ha sido”, señala a EFE Carmen, quien llegó a la federación “cuando salió el sol” para terminar votando al filo del mediodía. Dice que lo hizo por Rueda, candidato popular a la reelección, porque está “muy agradecida” con las ayudas de la Xunta.
La capital cubana contó con el único colegio electoral de toda la isla, que cerró este jueves por la tarde (tras seis días abierto) para permitir el voto en los comicios regionales a los más de 45.600 gallegos censados. De ellos acudieron a las urnas unos 700, el 1,5 % del censo.
La tasa de participación, aunque muy baja, es superior a la registrada en las elecciones generales de España el pasado 23 de julio, cuando quedó por debajo del 1 %.
Aquí confluyen los graves problemas de transporte de la isla, los problemas con las cartas electorales (casi nadie las recibe, aunque se pueda pedir en el consulado una impresión), la distancia y también la confusión que supone este tipo de elecciones en un país sin comicios multipartidistas.
Tras salir del consulado, Carmen dice que se va a casa porque le “da pena [vergüenza]” seguir hablando. Aunque su padre no le contó mucho sobre Ourense, señala que sí que le heredó ser reservada y conserva una frase: “Hasta lueguiño”. EFE
jce/jpm
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