Moscú, 16 feb (EFE).- Durante los 24 años de liderazgo del jefe del Kremlin, Vladímir Putin, en Rusia han tenido lugar varios sonados asesinados políticos, a los que habría que sumar las muertes en extrañas circunstancias de numerosos activistas y defensores de los derechos humanos.
La famosa periodista Anna Politkóvskaya fue asesinada en el portal de su domicilio el 7 de octubre de 2006, coincidiendo con el 54 cumpleaños del presidente ruso, Vladímir Putin.
La Justicia dictaminó que el asesinato fue organizado y cometido por un grupo de chechenes, aunque los tribunales nunca identificaron al autor intelectual del crimen.
La familia, los abogados y los colegas de Politkóvskaya en el periódico "Nóvaya gazeta" responsabilizan al líder chechén, Ramzán Kadírov, de estar implicado en la muerte de la periodista.
El abogado Stanislav Markélov y la periodista del periódico opositor "Nóvaya gazeta" Anastasia Babúrova fueron asesinados en Moscú en enero de 2009.
Un jurado popular declaró culpables del asesinato a dos ultranacionalistas, que tirotearon en plena calle al abogado y a la periodista, cuando abandonaban una rueda de prensa en el centro de la capital rusa.
La Justicia estableció que el asesinato fue perpetrado por motivos políticos e ideológicos, ya que Markelov defendía a las víctimas de ataques violentos perpetrados por grupos neonazis rusos.
Natalia Estemírova (2009)
Activista de derechos humanos y colaboradora de "Nóvaya gazeta", Estemírova apareció muerta cerca de una carretera en la república norcaucásica de Ingushetia en julio de 2009.
La periodista investigaba los secuestros, ejecuciones sumarias, torturas y otros abusos contra civiles en el Cáucaso y, concretamente, en Chechenia, donde se ganó la enemistad de Kadírov.
Kadírov demandó a uno de los directores de la organización de derechos humanos Memorial, para la que trabajaba Estemírova, por responsabilizarle de su muerte.
Boris Nemtsov (2015)
Nemtsov, ex viceprimer ministro y entonces dirigente opositor, fue asesinado frente a las murallas del Kremlin en febrero de 2015.
Considerado el asesinato más grave en la historia de la Rusia moderna, su muerte provocó protestas en Moscú y unánimes condenas internacionales contra las autoridades de este país.
Su familia acusa al Kremlin no de apretar el gatillo, pero sí de crear las condiciones que llevaron al tiroteo del opositor a manos de un grupo de chechenes, según establecieron los tribunales.
Nemtsov había acusado al Kremlin del mayor caso de corrupción de la historia del país durante los Juegos Olímpicos de invierno de Sochi 2014.EFE
mos/alf
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