Aficionados por gusto, consumidores por obligación

Guardar

Natalia Arriaga

Madrid, 4 may. A las once y veinte del mediodía, la entrada a la Caja Mágica por el Camino de Perales es un gran pícnic: sentados en bancos y sobre la acera, o de pie mientras guardan cola, los aficionados hincan el diente a los bocadillos que prepararon en casa para la hora de la comida, sin saber que no les dejarían introducirlos en el recinto deportivo.

Muchos llegan a la puerta ignorando la norma que prohíbe acceder a la Caja Mágica, donde se disputa el Mutua Madrid Open de tenis, con comida y bebida propias. Por eso, antes que tirar todo a una papelera como se les pide en el control de acceso, prefieren comerse lo que tengan en la mochila, aunque sea sin hambre y a deshora.

Según dijo a Efe FACUA, la organización no gubernamental española dedicada a la defensa de los derechos de los consumidores, esa prohibición de introducir alimentos es "ilegal" y denunciable ante los servicios de consumo del ayuntamiento, en este caso el de Madrid.

"Aunque lo ponga en la entrada", subrayó un portavoz.

La entrada para la sesión diurna de tenis, que se prolonga hasta las 8 de la tarde, abarca la hora de la comida, la del café y la de la merienda, y siempre la hora de hidratarse, con temperaturas por encima de los 25 grados en Madrid durante todo el torneo y sol a plomo sobre las pistas descubiertas.

En los tornos de acceso, los vigilantes solo permiten introducir desde fuera una pequeña botella de plástico sin tapón. Un trago de agua. Todo lo demás que no se puede pasar -los bocadillos, las tarteras, un plátano, una manzana, una bolsa de patatas...- tampoco se pude guardar en una consigna para recuperarlo después. Se tira sin más.

Las condiciones de entrada al torneo especifican que "queda prohibido introducir comidas o bebidas en el recinto, excepto en los casos en que sea necesario por razones de salud y se alegue justa causa aportando justificante médico".

En dichos casos, hay que enviar un correo electrónico a la organización para que expida un certificado al espectador afectado.

Según FACUA, "si en el recinto se puede consumir comida comprada dentro, es ilegal prohibir la entrada de comida de fuera". Hacerlo, indican, supone "un uso desproporcionado del derecho de admisión".

"Lo hemos denunciado mil veces en cines y en multitud de espectáculos", añaden.

No faltan ofertas para comer y beber en la Caja Mágica, por cuyas zonas de recreo se distribuyen decenas de puestos de restauración que invitan a consumir antes y después de entrar a las pistas. Pero hay que preparar un buen presupuesto.

Bocadillo de calamares y bebida, 15 euros. Patatas bravas, 10. Menú de pizza o lasaña más bebida, 18 euros. Ensalada y bebida, 15. Una lata de agua, 2,50. Una cerveza pequeña, 3,50. Un sandwich de jamón y queso, 5.

Aun así, las colas son enormes en todos los establecimientos, sobre todo entre partido y partido. Cuesta encontrar mesa para consumir lo adquirido y el ambiente es de fiesta contínua. También los expositores comerciales, con el de la Academia Rafa Nadal en cabeza, están llenos de gente en cualquier momento.

Ver un partido y salir a la calle a tomar algo antes de que empiece el siguiente tampoco es una opción para quien no quiera gastar tanto: si se sale, no se puede volver a entrar. "Es otra forma de obligar a consumir", dicen en FACUA.

Los bares y terrazas tradicionales de los alrededores no reciben tanto público extra como esperaban y el que tienen se concentra a las horas de entrada y salida de la Caja Mágica. Por lo demás, se nutren de la gente del barrio, que allí puede degustar una caña por 1,50, lo mismo que vale un café, o una ración de bravas por 5,50 (9 euros si es con un litro de cerveza) o el menú del día por 11.

Dentro de la instalación deportiva, además, los establecimientos ignoran la obligación legal de servir agua del grifo de forma gratuita a quien se la pida. Según comprobó Efe, en tres de tres intentos fue imposible obtener un vaso de agua en alguno de los puestos de restauración.

"Tienes que comprar una lata por 2,50 y te la echo en un vaso", dijeron en una hamburguesería.

"No tenemos agua, no nos han puesto grifo", aseguraron en una cervecería.

En una tienda de sandwiches, con un grifo bien a la vista, al menos sugirieron una alternativa: "Solo te puedo vender agua en lata, pero si quieres te doy un vaso vacío y lo puedes llenar en el grifo del baño".

La Ley de Residuos y Suelos Contaminados para una Economía Circular, de abril de 2022, obliga a los establecimientos de hostelería a ofrecer agua del grifo de forma gratuita, como medida para reducir el uso de envases de un solo uso.

Al gasto de la entrada (entre 10 y 190 euros; en la segunda semana, solo por encima de 60) y de las consumiciones se puede unir el del párking: 20 euros, tarifa plana por jornada. Hay 1.000 plazas, 800 de ellas para el público general, en el aparcamiento de la Caja Mágica, cuya gestión corre a cargo de la empresa municipal Madrid Destino, que la alquila para los distintos espectáculos.

Aunque siempre se puede callejear en busca de una plaza libre para aparcar o usar el transporte público, incluida la línea especial de autobús 180, que conecta con la Plaza de Legazpi sin paradas intermedias y con las mismas tarifas que el resto de la red. EFE

nam/ea