El herpes zóster (o culebrilla) es provocado por el virus de la varicela y genera un enrojecimiento de la piel, ampollas y picazón. Afecta a uno de cada tres adultos a lo largo de su vida, y suele curarse por sí solo al cabo de unas pocas semanas. Pero también puede provocar un dolor neuropático crónico, según señala la Fundación Alemana para el Cerebro. Alrededor de una de cada diez personas que sufren la enfermedad se ve afectada por un dolor ardiente (la llamada neuralgia postherpética) en la parte superior del cuerpo, los brazos, las piernas o la cara a largo plazo. A veces, este dolor también aparece sin las ampollas en la piel típicas del herpes zóster. En estos casos, se puede detectar la enfermedad midiendo los anticuerpos contra el virus en la sangre. Si el herpes zóster se trata a tiempo, las molestias suelen durar menos tiempo, según la fundación germana. Una de las formas de prevenirlo es con una vacuna. El Instituto Robert Koch de Alemania (RKI, el ente gubernamental de control de enfermedades contagiosas) la recomienda para los mayores de 60 años. Añade que las personas afectadas por enfermedades crónicas, como la diabetes, deberían vacunarse contra el herpes zóster a partir de los 50 años. dpa
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