
Con chaqueta de cuero negra y con el pelo gris plateado recogido en una coleta, José Manuel Acuña pasea a lo largo de la muralla de su ciudad natal, Vejer de la Frontera, que con sus dos kilómetros de largo circunda la urbe completamente. Este hombre de 56 años conoce una historia para casi cada piedra del lugar. Las más grandes y cuadradas son de tiempos de los antiguos romanos, que dominaron la ciudad más o menos hasta el siglo IV después de Cristo. Fueron sustituidos por los visigodos, que prefirieron las piedras más pequeñas y con forma de dados que también se pueden encontrar en la muralla. Dado que sopla un fuerte viento del este, conocido como levante, busca refugio en un recodo de la muralla y observa el verde paisaje que se extiende despojado, salvo por un par de molinos de viento. Una batalla sangrienta en el barro de la laguna En el territorio en el que se encuentran actualmente los molinos se produjo en 711 una sangrienta batalla entre los visigodos y los atacantes musulmanes, según cuenta Acuña. "En ese entonces, un ejército de 100.000 godos enfrentó a un ejército de tan solo 10.000 árabes y moros", afirma. Se combatió en julio, con un calor indecible, en el barro de lo que era la Laguna de la Janda. A pesar de ser muchos menos, los atacantes pudieron vencer con sus grandes caballos árabes a los visigodos, que combatían a pie o en caballos mucho más pequeños. Esta victoria de los árabes en los alrededores de Vejer dio inicio a siete siglos de dominio islámico sobre la península ibérica. Y, por supuesto, el estilo de construcción árabe dejó también su sello en la muralla. Acuña señala unas piedras pequeñas, planas, que le fueron ganadas al peñasco sobre el que se construyó la ciudad. Una Iglesia para dos religiones "Por muchos siglos, hasta la conquista de la ciudad por parte de los cristianos, judíos y musulmanes vivieron como hermanos y hermanas", relata Acuña mientras pasa al lado de la iglesia del Divino Salvador, construida en el siglo XIV en el punto más alto de la ciudad y sobre los antiguos muros de una mezquita. "Los musulmanes permitieron a los judíos que se encontraban aquí usar su casa religiosa", afirma. Dado que La Meca y Jerusalén están más o menos en la misma dirección desde Andalucía, la orientación de la construcción era la correcta para las dos religiones. El barrio judío es aledaño a la iglesia, hoy en día cristiana. Al pasear por una estrecha callejuela llaman la atención una construcción de arcos de medio punto, los Arcos de la Judería. Acuña dice que son probablemente el motivo más fotografiado de la ciudad. Sin embargo, no tienen esa forma solo por el hermoso efecto visual que crean, sino porque un terremoto casi derriba en 1773 el convento cristiano, a lo largo de cuyos muros discurre esta callejuela. Una tradición prohibida esculpida en la piedra El guía abandona el corazón del casco antiguo de la ciudad en el lado sur de la muralla a través de una de sus cinco puertas históricas, Puerta Cerrada. Al parecer, esta puerta estuvo cerrada durante siglos para evitar que los piratas ingresaran en la ciudad. Detrás de ella hay un mirador en el que se observa una estatua de una mujer envuelta en una tela negra. "La cobijada es una prenda cristiana del siglo XVI", explica Acuña. Según cuenta, servía sobre todo para proteger a las mujeres de la mirada de los hombres en las calles. "Solo quedaba libre el ojo izquierdo para poder mirar en su corazón", añade. Una vez que la mujer ingresaba en un ambiente considerado seguro, podía sacarse de encima la tela negra en un solo movimiento y mostrar las coloridas prendas que llevaba debajo. Después de que el dictador Franco prohibiera la cobijada en los años 30, esta no regresó nunca más a los roperos de las españolas. Hoy en día solo se la usa en algunas fiestas populares. El fin de la coexistencia pacífica El recorrido continúa por el casco antiguo, uno de los puntos turísticos de la ciudad, hasta llegar a un barrio en el que alguna vez judíos y musulmanes vivieron puerta a puerta. Sin embargo, de acuerdo con Acuña, con la reconquista cristiana a fines del siglo XV se terminó la coexistencia pacífica entre las distintas religiones en Vejer de la Frontera. Musulmanes y judíos debían convertirse al cristianismo o abandonar la península ibérica. "En ese entonces se quedaron los más pobres y las familias con muchos hijos. Los que se exiliaron tenían los medios financieros para hacerlo", asegura. Casi todas las familias judías y musulmanas más pudientes tenían posiblemente el plan de regresar en algún momento. Pero en la mayoría de los casos, jamás pudieron concretarlo. Información: Vejer de la Frontera Vejer de la Frontera se encuentra en el sur de Andalucía, no muy lejos de la costa atlántica (Costa de la Luz). Llegada: el aeropuerto más cercano es Jerez de la Frontera. Desde allí son unos 80 kilómetros con un coche de alquiler. Desde el aeropuerto de Sevilla son unos 170 kilómetros. Mejor época del año para viajar: en la primavera y el otoño europeos, las temperaturas son suaves y agradables, aunque puede llover y haber viento. Los veranos son secos y calurosos, aunque por su cercanía con el Atlántico, el clima aquí es mucho más agradable que en ciudades más al interior de Andalucía. Informaciones: Ofina de Turismo local en Calle de los Remedios 2, a la entrada del parque Los Remedios (tel.: +34 956 45 17 36; mail: oficinaturismovejer@hotmail.com; website: www.andalucia.org) dpa
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