Los servicios de inteligencia rusos (FSB) afirmaron el lunes haber detenido a 6 "miembros de un grupo neonazi" que pretendían asesinar, por orden de Kiev, al periodista Vladimir Soloviev, muy cercano a la propaganda del Kremlin.
"El Comité de Investigación de Rusia detuvo a miembros del grupo National Socialism/White Power, ciudadanos rusos, que preparaban el asesinato del político y periodista estrella Vladimir Soloviev", explicó el FSB en unas declaraciones recogidas por las agencias de prensa rusas.
El FSB dijo que este proyecto de "asesinato" a manos de seis ciudadanos rusos fue ordenado por el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU).
Según el FSB, "los miembros de este grupo confesaron haber preparado el asesinato de Soloviev, y que huirían al extranjero tras haberlo llevado a cabo".
Esta misma fuente afirmó que se habían incautado de diversas armas, un explosivo artesanal y pasaportes ucranianos a nombre de los sospechosos detenidos.
No fue posible comprobar esta información de forma independiente.
"¿Que hay de sorprendente en todo esto? Estoy a la vista de todos", dijo Soloviev a la agencia de noticias RIA Novosti sobre el supuesto plan para acabar con él.
"Soy judío y antifascista, así que es obvio que soy un objetivo para los simpatizantes de Bandera (el nacionalista ucraniano Stepan Bandera), bastardos nazis", añadió.
Un poco antes, el presidente Vladimir Putin mencionó un proyecto "de atentado contra un periodista estrella", algo que calificó de "acto de terror", pero sin decir el nombre de Soloviev.
"Conocemos por su nombre a los responsables de los servicios secretos occidentales que trabajan con el Servicio de Seguridad de Ucrania, sobre todo de la CIA", declaró Putin durante una reunión con los fiscales rusos.
Vladimir Soloviev, de 58 años, es uno de los principales nexos del Kremlin con los medios. Próximo a Putin, al que entrevistó en varias ocasiones, defiende firmemente la ofensiva militar rusa en Ucrania.
Este presentador de televisión, conocido por dirigir programas de tertulia política desde finales de los 90, forma parte de las numerosas personalidades sancionadas por las potencias occidentales desde el inicio de la intervención en Ucrania.
Se le embargaron a principios de marzo tres propiedades inmobiliarias en el exclusivo lago Como (norte de Italia) por valor de 8 millones de euros (unos 8,6 millones de dólares). Además, tiene prohibida la entrada en varios países.
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