Un crucigrama en línea en lengua inglesa, Wordle, se ha convertido en el nuevo pasatiempo de moda en apenas unas semanas y ha desatado una carrera para su traducción.
La aplicación, creada por un informático estadounidense para su mujer, acaba de ser comprada por el diario New York Times, informó el propio inventor mediante una carta abierta a sus seguidores.
El desafío es muy simple: la aplicación propone cada día una palabra secreta de cinco letras. El usuario tiene hasta seis intentos para descubrirla.
Las versiones lingüísticas, desde el alemán hasta el urdu, están surgiendo en todo el mundo.
"Adapté Wordle a español y nunca haré algo tan popular", explica en su cuenta Twitter el colombiano Daniel Rodríguez, un ingeniero informático que reside en Austin (Texas, Estados Unidos).
Algunos de los idiomas a los que ha sido adaptado el juego están muy alejados del alfabeto occidental, y han supuesto todo un reto para lingüístas y expertos informáticos.
El pofesor de Lingüística de Hong Kong Lau Chaak-ming afirma que logró una versión en lengua cantonesa.
Para ello utilizó el "jyutping", un conocido método para transcribir al cantonés los alfabetos occidentales.
"Pensé que si centenares de personas jugaban a ello sería genial. Pero me quedé sorprendido: más de 10.000 o incluso 100.000 personas, están jugando a este juego. Estoy feliz", indicó a la AFP.
- Versiones en hebreo, maorí -
El matemático israelí Amir Livne Bar-on admite que se volvió a adicto al juego en inglés, aunque los resultados no acompañan.
"Creo que es porque el inglés no es mi lengua materna", explicó.
"Así que pensé que me gustaría tener un pasamiento similar en hebreo que pudiera jugar y difrutar", añadió.
Para la versión hebrea, bautizada meduyeket, tuvo que repensar totalmente el desafío, porque "las palabras en hebreo son mucho más densas y tienen mucha smenos letras dobles y vocales".
El juego está teniendo éxito entre los jóvenes, particularmente en el área de Tel Aviv, asegura.
Otro desafío surgió en Oceanía con el maorí (o te reo), la lengua de los nativos en Nueva Zelanda.
Wayne McDougall vive en ese país y no habla esa lengua. "Vi en Twitter que alguien explicaba que sería bonito contar con una versión te reo de Wordle", explicó a la AFP.
"Así que pensé: 'sí, sería bueno. Alguien debería hacerlo. Pero nadie lo hacía".
Con la ayuda de la comunidad maorí, superó los obstáculos lingüísticos, entre ellos las pocas consonantes y vocales del te reo respecto al inglés.
"Tuve miedo de entrometerme en el territorio de otros, porque la lengua es un tesoro nacional, pero todas las reacciones han sido positivas", explicó.
Mucho menos difícil lo tuvo Louan Bengmah, un ingeniero francés de 21 años.
Con la ayuda de otros expertos en codificación, a través de la plataforma Twitch, logró una versión francesa en un par de fin de semanas.
"Estuvimos debatiendo largamente sobre qué palabras teníamos que utilizar, así que al final optamos por el diccionario de Scrabble", un juego de mesa muy popular en países occidentales, explicó.
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