"¡Boko Haram estuvo en mi casa!" cuenta la pequeña Aisha, de tres años, mientras frunce el ceño y permanece sentada sobre una manta junto a su madre en el insalubre campo de desplazados de Yawuri, en Maiduguri, la gran ciudad del noreste de Nigeria.
La niña se paralizó de miedo al ver a los yihadistas llegar a su aldea cerca de Dikwa el mes pasado, pero su madre la cargó y huyeron .
No era la primera vez que Hadiza, la madre de 25 años, tenía que escapar de su casa, ubicada en el estado de Borno, foco de la insurrección yihadista desde hace más una década.
Hace ya varios años fue parte del flujo de desplazados, estimados en más de 2 millones en la región del lago Chad, y más de un millón en Maiduguri.
Pero las autoridades le habían garantizado que podía regresar a Dikwa y retomar los cultivos de frijoles y verduras.
La primera vez huyó de Boko Haram. Este año, el 2 de marzo, de los combatientes del grupo Estado Islámico en África Occidental.
Pero para la pequeña Aisha y su madre es lo mismo. Ambos grupos matan, secuestran y violan.
El estado de Borno acoge 80% de los desplazados del conflicto y la inmensa mayoría de ellos tienen muy poco acceso a las necesidades básicas.
En el campamento de desplazados de Yawuri, que acoge 2.000 personas, las condiciones de vida son espantosas. No hay escuela, ni clínica, ni distribución de alimentos. Sólo un refugio, agua y harina de mijo.
"No hay nada para comer. A veces pasamos 24 horas sin encontrar nada para comer", cuenta Balu Modu.
Sin embargo, a pesar de esta precariedad, las condiciones son siempre mejores que en su pueblo, donde el hambre se combina con la inseguridad.
- Descongestionar los campamentos -
El gobierno de Borno prometió durante años reducir el hacinamiento en los campamentos y ayudar a los desplazados internos a regresar a sus hogares mediante el programa "Retorno voluntario, reasentamiento y reintegración".
Según un documento oficial consultado por la AFP, prevé reasentar "al menos 50% de los desplazados de aquí a 2022, y que no haya más campamentos de aquí a 2026".
La ministra local de Asuntos Humanitarios asegura que el gobierno ofrece alimentos y dinero en efectivo para ayudar a la instalación, o ayuda a las personas a encontrar una vivienda decente en Maiduguri.
"No obligaremos a nadie a irse hasta que el ejército nos dé luz verde y la zona esté segura", afirma.
Sin embargo los trabajadores humanitarios presentes en la región tienen otra visión. "Obligan a la gente a regresar a ciudades que no pueden proteger. Es una locura, los envían a la muerte", dijo uno de ellos.
"La gente sigue llegando aquí, y no son pequeñas olas de población", señala otra fuente humanitaria. "Se habla de grupos de varios miles de personas", precisa.
Mientras haya violencia, habrá desplazados, y la capital del estado, Maiduguri, estará bajo presión.
Su gobernador, Babagana Umara Zulum, pidió a los generales "nuevas estrategias" para poner fin a este conflicto que no cesa de estancarse.
"Mientras no se erradique total y absolutamente la insurgencia, todos nuestros esfuerzos por mejorar la vida cotidiana de nuestra población serán inútiles", declaró.
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