
Berlín, 7 dic (EFE).- Alemania recuerda hoy los 50 años de la caída de rodillas del entonces canciller Willy Brandt ante el monumento a las víctimas del gueto de Varsovia, para pedir perdón por los crímenes del nazismo.
El gesto de Brandt, que durante el régimen nazi había estado en el exilio, se convirtió en un símbolo de la reconciliación de Alemania con Polonia y también del reconocimiento de los crímenes del nacionalsocialismo contra los judíos en todo el mundo.
La reconciliación con Polonia también fue impulsada por Brandt con su política exterior y con el reconocimiento de la frontera formada por los ríos Oder y Neisse, con lo que Alemania renunciaba a reclamar los territorios que había tenido que ceder a Polonia tras la II Guerra Mundial.
"La amistad con Polonia es importante para un futuro exitoso. Pero no olvidaremos ni el pasado ni el dolor de la gente en Polonia ni el valor para buscar la reconciliación ni una genuflexión que nos recuerda todo eso", dijo el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, recordando el gesto de Brandt.
El ministro de Exteriores, Heiko Maas, por su parte, dijo, en un artículo para el diario "Passauer Neue Presse" que la reconciliación con el este de Europa, y en especial con Polonia, seguía siendo una tarea importante.
Paul Ziemiak, secretario general de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de la canciller Angela Merkel, dijo que el gesto de Brandt había sido "la expresión de una Alemania pacífica que pedía perdón tras la quiebra de la civilización" que había representado el Holocausto.
El vicepresidente del Comité Internacional Auschwitz, Christoph Heubner, dijo que el gesto había quedado grabado en el corazón de mucha gente en Polonia y de muchos supervivientes en Alemania y que además le dio "a la democracia alemana de la postguerra una legitimidad y una credibilidad de la que todavía se alimenta".
No obstante, en su momento el gesto de Brandt no encontró en Alemania el mismo consenso que encuentra ahora, 50 años después.
En 1970, los sectores conservadores criticaron su caída de rodillas como un gesto humillante para todos los alemanes y calificaron el reconocimiento de la línea Oder-Neisse como traición.
Según una encuesta realizada aquel año por encargo de la revista "Der Spiegel", un 48 por ciento de los alemanes rechazaba el gesto de Brandt y un 41 por ciento lo aprobaba.
"En esa época no había suficiente receptividad para un gesto de humildad de esa naturaleza. La confrontación con el pasado nazi estaba apenas en sus comienzos", dijo la politóloga Paula Diehl, de la Universidad de Kiel, en declaraciones que recoge el diario "Die Welt".
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