Biden también profundizará la integración de China: D. Fickling

(Bloomberg) -- En términos de políticas, uno podría pensar que los cuatro años de guerra comercial del presidente Donald Trump contra China recién comenzaban a dar frutos justo cuando está a punto de dejar el cargo.

El primer ministro japonés, Yoshihide Suga, utilizó su primera gira al extranjero desde que asumió el cargo para visitar Vietnam e Indonesia, aliados escépticos frente a China, y presionar por un fortalecimiento de las cadenas bilaterales de suministro. La presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, quien ha seguido una política similar, utilizó una importante inversión de Microsoft Corp. el mes pasado para alentar a los aliados a “reimaginar las cadenas de suministro”:

Los exportadores australianos deberían explorar activamente destinos distintos a China, dijo el ministro de Comercio, Simon Birmingham, a la estación de radio Australian Broadcasting Corp. el lunes, después de que se informara que Pekín había ordenado la semana pasada un alto a las importaciones de una serie de productos australianos como langosta, vino y carbón.

Es probable que la posición reciente de Washington frente a China continúe durante la próxima Administración. El presidente electo, Joe Biden, hará que China “cumpla con las reglas internacionales”, prometió en el debate presidencial final el mes pasado, argumentando que su posición sería más dura que la de Trump.

Pese a todas las medidas aparentes, los hechos parecen muy diferentes. Lejos de lograr aislar a China en los últimos cuatro años, y a pesar de temores autárquicos planteados por la promoción de la autosuficiencia del presidente Xi Jinping, la era Trump ha visto una integración cada vez más profunda del país en la economía global. Como hemos argumentado, las fuerzas que ubican a China en medio de los flujos mundiales de comercio e inversión son más fuertes que una pandemia o cualquier presidente de Estados Unidos.

Por ejemplo, el comercio. Las exportaciones de China crecieron a un ritmo superior al esperado de 11,4% en términos de dólares en octubre, según reportaron las autoridades aduaneras del país durante el fin de semana. Las exportaciones a lo largo de los últimos cuatro meses han estado más o menos en línea con su nivel durante todo el año 2006, cuando la referencia a China como la “fábrica del mundo” alcanzó su punto máximo.

Las importaciones también han mejorado, aunque en menor medida, después de casi dos años de declive. No obstante, lejos de reducir el superávit comercial —dado que la economía nacional libre de covid se ha recuperado más rápido que la de otros países— el último año ha ampliado la brecha. En términos de dólares, cuatro de los meses más fuertes registrados para el superávit comercial de China se han producido desde mayo.

Pese a que Suga y Trump han estado promoviendo la desvinculación económica de China, y al giro más autoritario de China que convierte al país en una perspectiva más desafiante para los inversionistas extranjeros, ese triángulo amoroso es tanto en inversiones como en flujos comerciales.

Después de caer en picada en los primeros meses de la pandemia de covid, la inversión extranjera directa en China se ha acelerado desde abril, y la suma del capital extranjero utilizado en septiembre subió 25% respecto al año anterior.

Un ejemplo visible de esa tendencia ha sido el aumento de ofertas públicas iniciales chinas en EE.UU. en los últimos meses. Sin embargo, no es el único ejemplo. De hecho, parece que 2020 podría ser el año más sólido en la historia para las adquisiciones entrantes de empresas en China continental, mientras que 2019 y 2018 ocuparían el segundo y tercer lugar:

Sorprendentemente, esta inundación entrante de capital extranjero ni siquiera es la parte más dramática del panorama de la inversión. A medida que el superávit comercial y de la cuenta corriente de China ha aumentado, la cuenta financiera y de capital se ha equilibrado con un fuerte movimiento en la dirección opuesta. El déficit en esas cuentas en el tercer trimestre, el grado en que las compras chinas de activos netos extranjeros excedieron los flujos inversos, llegó a US$94.200 millones, la cifra más amplia desde 2008, según datos preliminares reportados la semana pasada. Incluso si parte de esa cifra se reclasifica como “errores y omisiones” en el cálculo final, la mezcla de salidas de capital oficiales y las disfrazadas como “errores” seguirá siendo una de las más altas registradas:

Esto no debería ser una gran sorpresa. Años de inversiones acumuladas en la capacidad comercial de China no van a detener su actividad internacional de compra y venta solo por una retórica política dura. A lo sumo, cualquier giro en la oferta del mundo solo hará que China tenga una menor parte de un creciente volumen de flujos transfronterizos, y tal cambio podría tomar años. Una caída absoluta en el comercio chino con el mundo sigue siendo una perspectiva extremadamente improbable. Posiblemente sea algo bueno, dada la forma en que los lazos comerciales suavizan las relaciones internacionales y reducen la posibilidad de conflicto.

Entretanto, China tiene uno de los mayores mercados internos del mundo, una serie de incentivos fiscales y de tierras para los inversionistas entrantes, y una fuerza laboral a la que aún se le niega la capacidad de presionar por mejores condiciones. Para el capital global, esta mezcla sigue siendo tan atractiva como lo era antes de que Donald Trump pronunciara la palabra “China”.

Nota Original:Biden, Like Trump, Will Deepen China Integration: David Fickling

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