Astérix El Galo, cuyo dibujante y cocreador Albert Uderzo falleció este martes, es un personaje que nació hace 60 años de casualidad, sin que nada permitiera presagiar su fabuloso destino.
La génesis de Astérix, personaje de cómic mundialmente conocido, la contaron mejor que nadie sus "padres", Uderzo y el guionista René Goscinny.
En julio de 1959, había que hallar un nuevo personaje para la revista Pilote, cuyo primer número estaba previsto en octubre. Goscinny y Uderzo, reunidos en el apartamento del dibujante en Bobigny, un suburbio de París, se estrujaban el cerebro.
"Nos habíamos embarcado en otra idea, +Le Roman de Renart+ (una compilación medieval de poemas, ndlr). Pero ya se había hecho antes (...) Tuvimos que cavilar mucho para hallar algo. René me dijo: +Cítame todos los periodos de Francia+. Comencé por los galos y así empezamos", explicaba Uderzo.
De esta manera, nació primero Astérix.
Uderzo imaginaba al personaje "grande, forzudo, heroico; yo lo veía más bien como un hombre de pequeña estatura", explicaba Goscinny.
"Ya que es así, el pequeño tendrá un compañero fornido", respondió Uderzo a su colega. "Muy bien, será un repartidor de menhires", aceptó Goscinny.
Y así surgió Obélix.
Las primeras aventuras se publicaron en Pilote entre octubre de 1959 y julio de 1960. El primer álbum salió en 1961.
Astérix llevaba ya un casco alado, un complemento sin ninguna realidad histórica, espada y cantimplora para su poción mágica; Obélix blandía una hacha que desapareció rápidamente. Ya estaban allí también el jefe Abraracourcix, el bardo Assurancetourix, que desentonaba desde el principio, y el druida Panoramix.
Estos galos viven en un pueblo de irreductibles en la costa de la Bretaña, en el oeste de Francia.
A quienes lo acusaban de hacer de Astérix un prototipo nacionalista y xenófobo, Goscinny recordaba con una sonrisa haber vivido 17 años en Argentina y 7 en Estados Unidos.
"¿Racista, yo? ¡Cuando buena parte de mi familia terminó en las cámaras de gas de los campos de concentración! Nunca miré el color, la raza ni la religión de la gente", se indignaba.
Héroe típicamente francés, Astérix ocupaba el mejor lugar para denunciar las peculiaridades de este pueblo... siempre con una sonrisa.
Para el profesor universitario Nicolas Rouviere, autor de "Astérix o la parodia de las identidades", "Astérix reconsidera los cimientos culturales e identidades de los países vecinos, los vuelve simpáticos, se ríe de los 'clichés' que los incumben así como de los que se asocian a los franceses".
aje/app/mb
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