Varios de los 1.500 soldados estadounidense desplegados en la base aérea de Aín Al Asad en Irak, contaron a la AFP cómo fue el del ataque de misiles iraníes que sufrieron hace una semana.

- Martes 7 de enero -

21H00: Militares de alto rango estadounidenses radicados en Aín al Asad informan a los comandantes de que hay un ataque previsto contra la base durante la noche.

"El plan era que todo el mundo entrara en los búnkeres a las 23H00", explica el sargento mayor Mike Pridgeon.

22H00: la fuerza aérea pensó otra cosa. "Hice que la mitad de mis hombres se fuera en aviones. Fue nuestra respuesta en el acto" para proteger a una parte de las tropas, declaró la lugarteniente Staci Coleman.

De ese modo, indica, cientos de aviadores fueron transportados a otro lugar -que no precisó- y regresaron a la base unas 20 horas más tarde, mucho después del ataque.

23H00: las tropas que se han quedado en el lugar entran en los búnkeres y esperan. "Estábamos apretados como sardinas allí dentro", cuenta a la AFP el soldado Alex Bender.

- Miércoles 8 de enero -

01H35: aunque la mayoría de los soldados estén refugiados en los búnkeres, otros guardan posiciones en las torres de control para detectar cualquier ataque terrestre que pueda acompañar a los disparos de misiles.

Perciben las primeras señales luminosas en el cielo.

01H42: segunda tanda de misiles. "Esta me sacudió bien", incluso dentro del búnker, comenta el sargento mayor Pridgeon.

"Recibí un violento golpe. Llegaron cinco o seis misiles y podíamos ver las estelas anaranjadas de las llamas" en el cielo y en la tierra, a través de una ventana de observación blindada, cuenta.

"Tuvimos tres o cuatro misiles en un minuto y medio", recuerda.

02H06: llega una tercera ola. "Es lo más aterrador que haya vivido nunca", señala el soldado Eliot Toledo, que se encontraba en un puesto de guardia.

Hacia las 04H00: con la situación ya en calma, se autoriza a las tropas a abandonar el búnker y a evaluar los daños.

Un bombardeo ha pulverizado un complejo de viviendas, en llamas. El aeródromo está lleno de cráteres.

07H00: amanece y las tropas se relajan.

09H00: el equipo de vigilancia de drones del ejército puede, por fin, hacer que el último de los drones que sobrevolaba la zona durante el ataque, aterrice.

Hacia el mediodía: empiezan las labores de limpieza y el análisis del terreno y de los escombros para tratar de extraer el máximo de información sobre el ataque.

Se registraron al menos 14 lugares de impacto y se recuperaron varios artefactos que no llegaron a explotar, para ser examinados.

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