Los Juegos Olímpicos de París que se realizaron en el 1900 fueron, tal vez, los más controvertidos de la historia. Para la segunda cita, el Barón Pierre de Coubertin tuvo que conceder que las disciplinas deportivas formen parte del programa de la Exposición Universal desarrollados, en general, en los Campos de Marte, a los pies de la Torre Eiffel. Por lo tanto, fue el único evento que no tuvo ceremonia de apretura ni de clausura, dado que las competencias se extendieron por seis meses y la mayoría de los deportistas extranjeros abandonó Francia ignorando que los torneos correspondían a las pruebas olímpicas.

La prensa griega tuvo una mirada negativa de los acontecimientos. Las crónicas de los diarios de la época reflejan su posición: "El señor Coubertin es un ladrón al querer que los Juegos se celebren en ciudades que no sean griegas. Así nos roba una de nuestras más preciadas joyas: las Olimpiadas".

Además, la incorporación de un concurso de pesca en el Sena, que llamativamente fue el que reunió más espectadores, junto a la inclusión del polo, cricket, croquet, golf y tiro de soga sumaron críticas a la organización. En la actualidad ninguna de ellas forman parte del programa oficial.

Sin embargo, uno de los hechos más insólitos ocurrió en tug of a war (como se lo conoce en inglés al tiro de soga). Lo protagonizó el periodista danés Edgar Aaybe, quien viajó a Francia para narrar lo que sucedía en los Juegos Olímpicos en el matutino Politiken. Además de escribir sus crónicas, el corresponsal participó en el equipo mixto por invitación de sus compatriotas Charles Winckler y Eugen Schmidt, quienes estaban desesperados por la ausencia de uno de sus integrantes. Así, junto con otros tres atletas suecos, el combinado escandinavo superó al seleccionado del Racing Club de París, y como fue el único duelo de la especialidad porque sólo se habían inscripto dos participantes, el reportero se subió a lo más alto del podio.

Por su parte, en la localidad de Asnieres-sur-Seine se desarrollaron las competiciones de remo, y en la categoría de parejas con timonel se produjo un hecho histórico: como los holandeses Francois Antoine Brandt y Roelof Klein no se habían quedado conformes con sus actuaciones en las instancias previas de las finales, decidieron copiar el modelo de los franceses, quienes tenían a un niño como guía.

Los extranjeros reemplazaron a Hermanus Gerardus Brockmann, de 28 años, por un nene del público que había llegado a la rivera como espectador junto a su familia. Autorizado por sus padres y los jueces del torneo, el infante se subió a la barca llamada Minerva Amsterdam para colaborar con sus inesperados compañeros.

Para el registro oficial del COI, la victoria correspondió a un equipo mixto, debido a que la tripulación estaba conformada por dos holandeses y un francés. También consideraron campeón a Brockmann por su participación en las eliminatorias anteriores. Lo único que no quedó registrado fue el nombre del joven colaborador, ya que el niño se fue con sus padres apenas arribó a tierra. Si bien nunca se pudo acreditar su identidad, ni su edad, los historiadores especulan que tendría 7 u 8 años, edad que lo convierten en el ganador más joven de la historia de los Juegos Olímpicos.