El ruido es considerado uno de los agentes contaminantes del mundo moderno. Es un factor "invisible" de la polución intangible que responde a la producción natural del desarrollo tecnológico de la humanidad. Un trauma que el humano debe reconocer, regular y solucionar. Por eso, el 24 de abril se conmemora el Día Internacional de la Concientización sobre el Ruido, una jornada de reflexión sobre los embates de este trastorno tan sensible como ignorado.
Esta celebración se realizó por primera vez el 24 de abril de 1996, integrada a una conferencia local organizada por la Liga de personas con Problemas Auditivos de la ciudad de Nueva York. Es la edición número 20 de este día que pretende develar las contraindicaciones de un mal moderno. En la ciudad de Buenos Aires, una amplia porción de las mediciones superan los niveles admisibles que establece la ley 1.540 de Control de la contaminación Acústica de la Ciudad. Es un legislación que permite en el día hasta 65 decibeles en zonas residenciales y hasta 70 en zonas comerciales. Durante la noche los niveles deben caer a 50 y 60, respectivamente.
Es un síntoma de contaminación auditiva común en las grandes ciudades. El trauma acústico crónico se produce cuando la persona es sometida a niveles altos de ruido durante períodos prolongados de tiempo. Se considera una exposición dañina la que supera los 80 decibeles. Las sociedades urbanizadas son las principales productoras de sonidos que por su caudal de intensidad y durabilidad se transforman en ruidos. Asimismo, la contaminación sonora ocasiona daños irreparables en la salud y en la calidad de vida de los habitantes de las grandes urbes. Allí donde se desarrollan actividades humanas como transporte, construcción, industrias, tránsito vehículos, los agentes más ofensivos al oído y causantes medulares del malestar acústico.
Según datos suministrados por la Organización Mundial de la Salud bastan ocho horas de permanencia frente a un ruido de más de 90 decibeles para que sean afectadas y lesionadas un grupo de células del oído interno.
Mario Emilio Zernotti, médico referente de MED-EL (un proveedor internacional líder en sistemas de implantes auditivos), ejemplifica cuándo se pueden reconocer los daños causados por la alta exposición: "El primer síntoma del paciente expuesto a un ruido fuerte es la aparición de un zumbido en sus oídos. Sucede, por ejemplo, a la salida de un boliche. El zumbido de frecuencia aguda es el signo inequívoco de que algunas células empezaron a dañarse. Como habitualmente este zumbido desaparece horas o días después, se le resta importancia y el paciente no consulta tempranamente. Sin embargo, es una señal de alerta".
El profesional recoge datos del último censo poblacional para darle contexto social a esta problemática: "Se estima que el 30% del segmento etario comprendido por púberes, adolescentes y jóvenes tendrán trastornos auditivos por exposición al ruido no laboral al llegar a la edad adulta". Las lesiones inducidas a través de los nuevos hábitos de consumo musical afecta al rango etario de 10 a 24 años, con el agravante de que se ignoran sus consecuencias y no se consulta a tiempo. La ley 25.415 concede el derecho a todo niño recién nacido a que se estudie tempranamente su capacidad auditiva y se le brinde tratamiento en caso de ser necesario.
El propósito de este día internacional es promover el cuidado del ambiente acústico, la conservación de la audición y arrojar luz sobre las molestias y daños que genera el ruido. La exposición al ruido aceptado y al ruido no deseado puede derivar en secuelas ignoradas y en trastornos evaluables de la salud: traumas fisiológicos, psicológicos, tales como insomnio, estrés, depresión, ansiedad, irritabilidad, agresividad y aislamiento social.