El Gobierno de México aseguró poco después de la desaparición de los estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, el 26 de septiembre de 2014, que los 43 jóvenes habían sido fusilados y luego quemados en un basural ubicado en Cocula, Guerrero. Pero los padres nunca creyeron en esa versión, que indicaba como únicos responsables a sicarios del cártel Guerreros Unidos, y exculpaba a militares y policías que también habrían participado de la cacería que tuvo lugar en el municipio de Iguala.
El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), especialistas convocados por el Estado para revisar la investigación ante las críticas recibidas, ya había desnudado hace varios meses las graves irregularidades de la pesquisa. Ahora, un nuevo informe, en este caso realizado por técnicos de la Universidad de Innsbruck, Austria, se expidió en el mismo sentido.
"Lo que nos dicen es que ningún resultado de esos estudios corresponde a los estudiantes, que solamente la ropa que se encontró en un autobús corresponde a uno de los jóvenes, pero eso no significa que esté muerto, sólo indica el lugar en el que estaba al momento de la agresión", contó Melitón Ortega, vocero del colectivo que reúne a los padres.
En concreto, ningún estudio científico pudo demostrar que los normalistas hayan muerto en aquel basural. De hecho, no se han encontrado rastros genéticos de ninguno de ellos.
div class="embed_cont type_freetext" id="embed27_wrap" rel="freetext">