Una regla fundamental para entender las enfermedades mentales es que, bajo ningún concepto, las
personas que sufren de estos trastornos son responsables de padecerlos. De hecho, la mayoría de las afecciones de este tipo tienen bases genéticas o fisiológicas. La ansiedad es una de ellas. Aunque en muchos casos la ansiedad o la depresión pueden ser un indicio de que algo más profundo está sucediendo. Y cada vez más investigadores indican que es en realidad un trastorno en sí mismo.
Una investigación de la Universidad de Wisconsin-Madison reveló en 2015 que la ansiedad podría ser hereditaria. Luego, otros estudios sugirieron que la depresión podría ser considerada incluso una enfermedad inflamatoria. Y un trabajo reciente publicado en la revista Current Biology indicó que las personas que sufren ansiedad perciben el mundo de una manera totalmente distinta debido a una diferencia cerebral.
Sin embargo sigue habiendo un prejuicio considerable en torno a las enfermedades mentales. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) aunque casi el 60% de las personas cree que en general los adultos se preocupan por las personas con enfermedades mentales, sólo un 25% de quienes padecen estos trastornos sienten que los demás entienden por lo que están pasando.
Cómo actúa la ansiedad en el cuerpo
El cerebro humano está preparado para reaccionar instantánea e instintivamente al peligro. Cuando detecta que podemos estar en riesgo, el cuerpo se prepara para sobrevivir (alista los músculos para huir, dilata las pupilas o disminuye la actividad intestinal) y cuando no corremos peligro, el cuerpo y la mente se encuentran en un estado generalizado de "calma". De hecho, ese estado de tranquilidad y estabilidad es el que debería reinar en todo momento y es lo que se busca alcanzar luego del modo de alerta.
El problema aparece cuando el estado de nerviosismo y estrés se vuelven normales y la calma excepcional. El ritmo de vida acelerado que llevamos y la relación de dependencia permanente con las responsabilidades que genera la tecnología, no permite, en muchos casos, que una persona pueda relajarse y distenderse de la sensación de alerta. Cuando se llega a ese punto de "hiper-alerta" no es tan fácil salir, como podría serlo, de un estado de supervivencia normal. Ahí comienza la ansiedad.
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